Follow by Email

lunes, 31 de agosto de 2015

Siloismo.

SILAS y SILO: ¿QUIÉN ES QUIÉN?
1) El aprendiz de mesías
Dario Rodrífulez llegó a este mundo en uno de los tantos países situados a lo largo de la Cordillera de los Andes; en una ciudad encantadora, campestre y acariciada por un clima muy favorable a la viticultura y, también, a la creación de historias, leyendas, y cuentos. 
Sin lugar a discusión, Dario demostró a temprana edad ser muy precoz. Testigos hay que aseveran, que cuando los demás niños se entretenían con Batman, Flash Gordon, Sandokán, Máscara Negra, y otros héroes similares, él se interesaba por Nerón y Calígula. Hazañas y heroísmo eran para los simples, concluyó el pequeño y habiloso Dario; el poder sobre otras personas correspondía a los más vivos, a los auténticamente piolas. Embelesado se imaginaba el espectacular viaje de Nerón a través de Italia y Grecia. Ahí iba el emperador… toga blanca, corona de laureles, con un séquito de esclavos; obligando a las aldeas, a su paso, a aplaudir su música y actuación. Y el gran Calígula, también entogado, que invitaba a comer a matrimonios amigos, para después de la comida ejercer su autoridad y montarse en la esposa del visitante ¿Qué otra cosa podía ser el sentido de la vida, sino el poder sobre otros? 
Ya en sus años púberes, Dario gozaba envolviéndose en una sabana blanca, en ocasiones usaba otros textiles como cortinas y manteles del mismo color y, frente a un espejo, ensayaba las maneras imperiales de Nerón y Calígula; tal como él los creaba con su vívida fantasía. Caras melodramáticas, miradas impregnadas de magnetismo, voces resonantes, discursos a multitudes… cada detalle era estudiado a conciencia. El joven Darío se tomaba esta actividad tan en serio, que llegó a denominarla "el trabajo". Pero a veces, claro, le irritaba y hasta entristecía profundamente, que el espejo le devolviera solamente su propia imagen, y no las multitudes de sus ensueños. 
Los ojos benignos de su ciudad natal lo vieron entrar a la adultez e interesarse intensamente por Adolf Hitler. El Fuhrer (el que guía o sencillamente el guía, en alemán) era sin duda fascinante; siempre en escena, con focos de luz apuntándolo, mientras una multitud uniforme compuesta de no-individuos lo aclamaba con símbolos, banderas y saludos especialmente dedicados a él. Además; el Fuhrer hacía que sus lugartenientes se trenzaran con uñas y dientes, se traicionaran y denigraran entre sí, sólo para congraciarse con él. ¡Qué figura! Una lástima que hubiera perdido la guerra; debe de haber tenido un sector apoyo deficiente, concluyó Dario, luego de profundas meditaciones. 
Poco a poco, como producto de un proceso (concepto que ya usaba apenas podía), surgió en la mente de Dario una figura fenomenal, que había existido y que se podría decir que aún existía; una figura que a través de siglos había sido capaz, sin perder nunca una guerra, de mantenerse en la mente de miles y miles, ya… de países enteros. Esa figura era nadie menos que el mismísimo Jesucristo, el mesías de la cristiandad. Nerón, Calígula y Hitler, si bien le seguían pareciendo guías ilustres por sus ejemplos de grandeza, no podían competir con Jesucristo en significado y popularidad. 
Tiritando de voz y manos y con los ojos aún más protuberantes que de costumbre, por la ansiedad del delirio, Dario volvió a cubrirse con su sábana blanca, ahora plegada como toga de mesías, y a encarar a su viejo amigo y confidente: el espejo de su casa. ¡Un mesías al estilo de Jesús!… ¡He ahí una genial ocurrencia! Dario soñaba con doctrinas salvadoras, visiones apocalípticas, sermones a masas, metáforas y parábolas ilustrativas, imposiciones de manos con fines energéticos y curativos, todo tipo de rituales y ceremonias… en fin, la obsesión crecía vertiginosamente en su cabeza.

Foto auténtica
El joven Silas ensabanado y en trance mesiánico. Los pliegos de la sábana se observan un tanto extraños, puede
ser que esten afectados por el campo extremadamente energético del "doble" del mesías.
2) El mesías
Una mañana, y después de haber trabajado con su sabana-toga frente al espejo, Dario se compenetró en los misterios de la Biblia. De pronto se topó casualmente con un pasaje del Génesis que decía: 
"No caerá el cetro de Judá ni el legislador de entre sus pies, hasta que no venga Shiloh... ata a la vid su pollino, lava en vino sus vestidos y en sangre de uva su manto" 
Delirante, exclamó: -¡Yo soy el Shiloh que viene! ¡Aquí estoy con mis vestidos! Y observó en el espejo su propio cuerpo 
enrollado en la sábana. Acto seguido lanzó una mirada al patio de su casa - ¡y justo!... ahí se aburría un inocente pollino y un poco mas allá se extendían unos verdes y plácidos viñedos. La escena, aparte de las distancias en tiempo y geografía, no era exactamente como en la descripción de los profetas hebreos, pero para Dario esos signos no podían ser otra cosa que un llamado celestial dirigido única y exclusivamente a él... ¡A él! !¡A él! 
Sólo minutos después de la revelación bíblica desechó la ocurrencia de llamarse Shiloh; su siempre despierta conciencia encontró poco creativo eso de copiar tan directamente un nombre de la Biblia. Silo… si, Silo, un Shiloh modificado sonaba pleno de originalidad. Además, implicaba una paradoja intelectual, ya que sin las haches era y no era lo mismo que en la Biblia ¡Qué genial! Silo iba a ser el nombre con el cual las masas lo aclamarían. Clavó su mirada en los ojos del ensabanado del espejo, lo apuntó con el índice y le dijo: "¡Silo… por el nombre de Silo te han de conocer los sedientos de espíritu y los hambrientos de salvación!! Luego esbozó una sonrisa y el ensabanado le devolvió la misma sonrisa; satisfecha y orgullosa. 
Días mas tarde, ya mas relajado y con la mente bajo rigurosa conciencia de sí, Dario, todo un perfeccionista, volvió a evaluar su logo mesiánico; Silo. Y he aquí, que de pronto todo su cuerpo fue golpeado y zamarreado por una revelación; otra revelación, muy distinta a la anterior. "Silas, Silas, Silas…" repetía una voz que parecía clamar en un enorme desierto a lo Juan el Bautista. "Silas, Silas, Silas…" la voz se manifestaba alrededor y dentro de él. Silo suena tonto y aburrido, murmuró desde su estado visionario. Inmediatamente se plantó la sábana y se posicionó frente al espejo. ¡Silas… tu serás Silas! Prorrumpió señalando al ensabanado en el vidrio. En ese instante sucedió algo extrañísimo, probablemente proveniente de otras esferas, durante unos segundos tuvo Dario-Silas la sensación de que la figura del espejo le devolvía la mirada… pero no la complaciente de la revelación anterior; ¡no! ahora el ensabanado, que no podía ser otro que él mismo, le devolvía una mirada herida, ¡subrayada por una sonrisa desafiante!, como si rehusara ser rebautizado y se negara a ser desplazado así nomás del paisaje interno mesiánico, en el cual ya se sentía a sus anchas. 
Con el culebrino cosquilleo de un escalofrío sobre la epidermis de su espalda, Dario-Silas se vio en la necesidad -no en el deseo- de hacer algo urgente. Por suerte tenía unos libros de Gurdjieff y Ouspenski a mano; y en los textos de los dos esotéricos rusos encontró técnicas que él sintió, lo conectaban con niveles muy superiores y, finalmente, Silas ganó la batalla y el ensabanado del espejo volvió a sonreír la sonrisa de él; la satisfecha y orgullosa. 
"Silas, Silas, Silas"… por cada repetición más se convencía de poseer un apodo sonoro, original y capaz de lanzar una poderosa e inequívoca señal redentora a la humanidad. En medio del éxtasis no dejo de pensar: ¿Qué habría sido de mí, de no haber tenido a mano los libros de Gurdjieff y Ouspenski…? Ahora puedo ofrecer altos niveles de conciencia y transmutaciones a mis futuros discípulos. 
Sucedió entonces, como consecuencia de su trabajo evolutivo, que la sábana comenzó a parecerle un tanto estrafalaria. Era necesario proveerse de otra tenida, menos casera y más de acuerdo con el ministerio a emprender. En una ferretería cercana adquirió por un precio muy módico un overol blanco, de esos que antaño se usaban para trabajos manuales. Y al ponerse esta indumentaria laboral no se sintió en absoluto estrafalario; todo lo contrario, se sintió tan serio, que inmediatamente se dio a practicar poses de iluminado espiritual frente a su fiel espejo. 
Entre los vecinos y amigos del barrio consiguió Silas sus primeros seguidores. Hacia afuera se las daba de anticristiano, para mostrarse nuevo y distinto, pero no bien podía se las arreglaba para parecerse al Mesías Nazareno. 
Como los medios de comunicación no le prestaban la mínima atención Silas pergeño una serie de astutas ideas con el fin de promoverse. "Miente, que siempre va a quedar algo" había dicho Goebbels, el sagaz ministro de propaganda del Fuhrer. Inspirado por tal idea fuerza, se lanzó a escribir acerca de sí en distintas situaciones; arengas a masas, conversaciones de toque místico con "gente del pueblo", diálogos filosóficos con discípulos… todo existente sólo en sus ensueños y en un montón de hojas por él escritas y llamadas Silas y la liberación. Importante: Escribía como si fuera otro el escritor; elogiando y ensalzando su propia persona; un trucazo (a su ver) del cual nunca se iría a desapegar. 
Antes del lanzamiento público hizo circular el cuento de haber meditado semanas enteras en las montañas andinas en busca del sentido de la vida. El cuento apuntaba a imitar los días de Jesús en el desierto. La verdad es que Silas embutido en su overol blanco, fue transportado oculto en el asiento trasero de un automóvil, para que los pocos presentes a su debut no se percataran, que venía desde una ciudad - y no de frías y meditativas montañas. Terminada la magistral arenga, titulada Como curarse de sufrir, el reciente mesías lanzó la corona de espinas de Jesús a los oyentes, pero ¡ojo! ,esta vez la corona era de flores y hecha por él mismo. Con esta enternecedora simbología, Silas había dado su respuesta a la crisis de la humanidad.

Foto auténtica
Silas con su overol blanco salvando a la humanidad,
luego de bajarse del auto que lo transportara a las montañas, donde había "meditado" por meses
3) Los dos mesías
Fue cuando envió a sus discípulos a tapizar las paredes de la ciudad con la inscripción "Silas es bueno", que se llevó la gran sorpresa. Al salir al otro día para deleitarse con la leyenda de los muros, se encontró conque al lado de cada "Silas es bueno" había un "Silo es benignísimo". Choqueado, con los acostumbrados ojos protuberantes y las manos temblorosas, Silas rememoró la sonrisa insubordinada del ensabanado del espejo. ¿Cómo podía ser posible? Si él había usado técnicas surgidas desde elevados niveles de conciencia para hacer que el rebelde sonriera la sonrisa de él; la satisfecha y orgullosa. No en balde había escrito un cuadernillo titulado Silas y su enseñanza popular, en donde se describía a sí como "el sonriente". Además ya no usaba mas sábana, sino un overol blanco muy serio. Era como si el pasado no estuviera integrado y se empeñara en perseguirlo. No era fácil llegar a una conclusión; era su propio pasado frente al espejo que se había encarnado, o algún otro gurú de esos que andaban por ahí dando falsas respuestas a la crisis, o Gurdjeff y Ouspenski que le habían fallado…. o el "sistema" que intentaba detenerlo, para que las naciones y los pueblos continuaran sufriendo. 
Sus discípulos, denominados Los Niños Dichosos de Silas desde la arenga que curaba el sufrimiento, se dirigieron a él en busca de guianza. 
-Papá Silas, indagó el mas avanzado de ellos, tenemos un problema grave; nos ha salido competencia y… 
Silas interrumpió simulando control sobre la situación. -¡Ya estamos al tanto! 
Un murmullo de admiración cubrió al grupo reunido. Papá Silas ya sabía lo que le iban a preguntar. 
Silas prosiguió. -Es importante esclarecer, no confundir. Y un nuevo murmullo de estupefacción surgió ante la increíble lógica del maestro. -Lo de "Silo es benignísimo" nos tiene sin cuidado. Ese tipo de sectas son precisamente un síntoma del abismo al que la humanidad se acerca a pasos agigantados. Pero que se sepa muy bien en cada nación del mundo, en cada rincón de la tierra: 
¡Nosotros no somos ellos! ¡Nosotros somos otra cosa! 
Los Niños Dichosos asintieron, ajustaron grabadoras y tomaron notas en cuadernos. 
-Nosotros vamos a ser muchas cosas hacia afuera ¡Pero seguiremos siendo los mismos para nosotros mismos! Arengó Silas, inspirado. 
-Qué ingenioso, papá Silas, pero qué ingenioso, realmente increíble de ingenioso, acotó un discípulo de los más brillantes. 
-Exactamente, confirmó Silas, inventaremos todo tipo de disfraces para hacer que más y más gente goce de los beneficios de ser un Niño Dichoso de Silas. Nada nos detendrá, no habrá límites para nuestra capacidad de pantalleo! 
Un joven, que no era discípulo y se encontraba por casualidad en el local de la reunión, formuló inocentemente las siguientes preguntas: -Pero… ¿por qué no ser lo que se es? ¿Por qué es necesario mostrarse como otras cosas? 
-Nosotros no operamos así. ¡Nosotros operamos de otra manera! Contestó Silas, y luego agregó muy disgustado: -¡Aquí tenemos un "contra"! 
El joven fue sacado a empujones de la reunión. 
-Sinteticemos, dijo Silas, ahora en tono de padre cariñoso al ver tal demostración de incondicionalidad. -El tal Silo no es nada mas que un fenómeno pasajero, una burda imitación de nuestro trabajo, que desaparecerá cuando los pueblos se unan en torno a nuestra doctrina del no-dormir y del no-sufrir. ¡Ahora a trabajar! 
Y los Niños Dichosos salieron de la reunión a las calles dispuestos a despertar a los transeúntes y a curar a la humanidad del sufrimiento - a punta de panfletos. 
Una vez solo, Silas sonrió su satisfecha y orgullosa sonrisa.
Pero el extraño e inexplicable fenómeno que iniciárase frente al espejo continuó persiguiéndolo. No bien Silas había escrito el librito Jaque al mesías, en donde se comparaba abiertamente con Jesus, apareció Mesías de a peso de Silo. Lo mismo sucedió con otro librito titulado La mirada interna, que fuera imitado por Silo con La mirada para adentro. Y cuando Silas lanzó el marxistoide Poder Joven pregonando la revolución total mas el poder total a manos del pueblo, Silo apareció con algo parecido; Poder Juvenal. Silas (un amante del "totalismo") vaticinó la caída total del sistema, el caos y la barbarie en las calles de las ciudades del mundo… y Silo salió entónces con exactamente el mismo vaticinio. Iracundo Silas declaró, que era objeto de un complot orquestado por el sistema… y Silo se declaró él y su secta como todavía mas perseguidos por exactamente el mismo sistema. Los tiempos cambiaron y las revoluciones cayeron en desprestigio, lo cual hizo que Silas entre otras cosas intentara elInstituto Síntesis y la Religión Interior para sólo descubrir el Instituto de Sintetización y la Religión Introvertida de Silo!
Intento tras intento Silas se vio imitado por la imagen que otrora hubiera querido erradicar de su espejo.
 
 


Foto auténtica
Papa Silas, en su color favorito, arengando a Los Niños Dichosos de su secta
4) La guerra de los mesías
Un buen día, un tan hastiado como desesperado Silas embutióse nuevamente en el querido overol blanco de sus primeros pasos mesiánicos, y se ubicó frente al espejo. Ya era hora de hacer algo definitivo. Su ultimo intento público, La Comunidad para el desarrollo del ser humano, en donde él y sus Niños Dichosos rechazaban enfáticamente toda actividad política, lo había hecho vislumbrar los globos, las banderas, las camisetas, los saludos hitlerianos con brazos extendidos y manos formando signos… todo aquello con lo que había soñado despierto desde niño. Pero Silo, siempre acechante, lo había emulado implacablemente con una construcción casi idéntica; La Junta para la evolución de los humanos. 
No quedaba pues otra salida, que hacer un trabajo de corte auto-transferencial e integrar de una vez por todas a ese irritante contenido de su pasado.Y frente al espejo Silas se conectó con su propia imagen, hasta que poco a poco el overol se transformó en sábana… y ahí estaba Silo; con los mismos ojos de camello ofendido de aquella vez, cuando se negara a ser rebautizado. 
-Yo soy el que existo. ¡Tú no existes! Silas abrió el proceso transferencial, duro e increpando. 
-Falso, respondió Silo con convicción. ¡Yo existo porque tú existes! 
-Yo no soy tú. ¡Yo soy yo! Atacó Silas. 
-Falso, contraatacó Silo. ¡Tú eres yo y yo soy tú! 
Silas decidió cambiar de táctica. La retórica, que le daba tan buenos resultados entre los Niños Dichosos de su secta, se veía rebatida dentro del mismo sistema de razonamiento. Con su característico vuelo poético declamó: -Eco de un eco, sombra de una sombra… nombrador de mil nombres ¿Por qué no te pones otro nombre? 
-Pavadas, dijo Silo, pavadas de las que yo escribo a carretadas para los pelotudos de mi secta. 
Silas se llevó una mano al mentón; acostumbraba pregonar la reconciliación… ¿por qué no intentarla? Abrió los brazos mostrando las palmas al espejo: -He venido a integrarte, a conciliarme contigo, para que ambos nos hagamos uno y unidos salvemos a la humanidad de la venganza. 
-¡Esos cuentos los conozco demasiado bien! -Silo se rió. 
El estupefacto Silas no supo qué decir. 
-¡Tú eres el que no existe! Prosiguió Silo. Yo soy el que te observo a ti en el espejo. ¡Tú tienes la sabana encima y yo el overol blanco! Y Silo soltó carcajadas diabólicas haciendo saltar panza y papadas. 
Silas se sobresaltó, escalofríos le recorrían la espina dorsal desde el cerebelo al boquete anal. Finalmente su cuerpo ganó la batalla y huyó despavorido, como alma arrebatada por el diablo. El proceso transferencial había fracasado.
Pasaron los años. Y como La Comunidad demostró ser otro fracaso, no le quedó otra cosa a Silas que subirse a la ola
ecólogo-humanista tan en boga. Y usando naturalmente los elementos mas clichés de los planteos ya existentes, armó un partido político; El Partido Humanista de Silas. Con esto del partido se contradecía groseramente todo lo dicho por la La Comunidad - y todo lo dicho antes de ésta. Pero sus propias contradicciones nunca fueron un problema para Silas, él se sentía llamado a solucionar solamente las contradicciones de otros.
El partido dio sus mejores resultados en donde no fue investigado. Porque donde se lo sometiera a la mínima evaluación fue declarado una secta barata. Bueno… pero lo importante obviamente no era el partido, sino que el show orquestado con camisetas, globos, saludos hitlerianos y la adulación incondicional de Los Niños Dichosos de Silas.
El sueño del pibe; si Nerón y Calígula lo vieran, pensaba Silas muy regocijado, sentirían con toda seguridad algo de envidia. Y el gran Furher lo admitiría como un miembro aceptado.
¿Pero quien dijo que éste es un mundo perfecto? Hasta un astuto como Silas tiene que enfrentar los obstáculos de la caprichosa dinámica de la existencia. La felicidad habría sido completa sino fuera porque el Partido Humanoidizante de Silo también circulaba por las calles, imitándolo, plagiándole sus excelentes ideas. Y peor aún, aconteció una vez que al final de un acto en su propia ciudad, un discípulo que hubiera trabajado ya bastantes años entre sus Niños Dichosos, le dirigió la siguiente pregunta:
-¿Cómo nos podemos definir nosotros en este momento de proceso, papá Silo?
La pregunta era la clásica bobada de discípulo bobo, de las cuales recibía cientos a la semana, pero…. ¿papá Silo?! ¿No papá Silas? Casi se le salieron los ojos del cráneo. -¡Nosotros no somos ni Silo, ni los siloistas! Prorrumpió Silas enrabiado.
-¿Cómo… que acaso no somos Silo y los siloistas, papá Silo? Balbuceó el discípulo a todas luces sorprendido.
-¡Nosotros no somos ellos! ¡Nosotros somos otra cosa! Arengó Silas.
-Papá Silo, perdón… papá Silas, no entiendo, necesito esclarecimiento…!
Silas sacó una de sus carcajadas, de esas que demuestran mucho control situacional, y precisó la gran diferencia existente entre él - y todas las otras falsas respuestas a la crisis de la humanidad. El monólogo esclarecedor, de cuatro horas, pasó a los archivos como la La Charla Esclarecedora y Prohibida Número 1.893. Mas tarde, ya finalizada la reunión, Silas ordenó a sus Niños Dichosos más fieles expulsar inmediatamente al discípulo de la pregunta; el cual tenía que ser un infiltrado de Silo, un contra o, muy probable, un resentido que no había entendido nada.
5) El triunfador de la guerra de los mesías
Inmediatamente después del desagradable incidente Silas, envalentonado por lo bien que le estaba resultando el Partido Humanista de Silas, tomó una dramática decisión. Costara lo que costara ¡nunca mas! el copión de Silo le sabotearía el proceso de redención del mundo, que él guiaba de manera tan pulcra y sublime. Desenterró entonces su viejo atuendo místico de un baúl; el overol. ¡Cómo lo echaba de menos… a su blanco overol! En los actos en su honor que organizaban los Niños Dichosos se vestía a menudo de camisa y pantalones blancos, pero en su interior, en su paisaje interno, él seguía sintiéndose investido de su flamante overol. De pasó ensoñó Silas, que algún día aquella humilde ferretería pasaría a la historia por haber vendido, a un módico precio, el atuendo del mesías de la Nueva Era. Pero bueno, era hora de rechazar el apego a los recuerdos y encarar transferencialmente a ese contenido biográfico, que por alguna razón, para él desconocida, se negaba a integrarse. 
Se relajó profundamente, de pie frente al espejo, y al abrir los ojos se encontró con la sábana, la mirada y la voz conmovida de Silo, que le decía: 
-¡Padre…! 
-¡Hijo…! Exclamó Silas invadido por una súbita emoción. Después de todo, él era el creador de Silo. 
-Padre, si me has creado a tu imagen y semejanza… ¿por qué me reniegas? 
Silas no pudo encontrar palabras para responder. 
-Solo una sábana y un overol nos separan. En todo lo demás nos parecemos tanto. 
Silas seguía pensativo. 
-Querido padre, dijo Silo en tono de ejemplar hijo pródigo, estás sensiblero y confuso. No sirves para la misión de mesías. Retírate, déjame a mí, que estoy lleno de trucos y astucia para salir adelante. 
¡Ahá! Aquí Silas cayó en cuenta. El ladino y truquero de Silo (¿a quien habría salido?) intentaba ablandarlo ¡para apropiarse de su trabajo! -Sólo hay lugar para un mesías, dijo Silas, dándose el aire de efectividad con el cual impresionaba en su secta. 
-¡Y ese mesías soy yo! Afirmó Silo. 
-No. ¡Ese soy yo! Contraafirmó Silas. 
-No. ¡Soy yo! Insistió Silo. 
-No. ¡Yo! ¡Yo! Insistió Silas también. 
-¡Paz es fuerza! ¡Vade retro! Arremetió Silo. 
-¡Paz, fuerza y alegría! Contraarremetió Silas. 
Así siguieron… imprecándose y conjurándose el uno al otro. Un verdadero duelo. Silas y su overol contra Silo y su sábana. Mesías versus mesías. 
Silas pensó rápidamente; la única manera de deshacerse de Silo era implantando en el espejo su propia imagen, con overol. De manera que cerró los ojos y se tapó los oídos. Usando todo su poder transferencial, se configuró a sí en el espejo; sin sábana, con overol. ¡Silas y no Silo! Gritó Silas a todo pulmón. Cuando abriera los ojos, el otro y su sábana habrían desaparecido para siempre. Finalmente abrió los ojos. Y ahí estaba Silo rascándose la sábana a la altura de la panza. 
Impotente, a sabiendas de que había perdido la batalla, Silas agarró a lo que es patada el espejo hasta destruirlo completamente. Acto seguido salió disparado de la pieza. 
Cuando tiró su overol al baúl en que acostumbraba guardarlo, le pareció como más plano al tacto y más largo, sin bolsillos ni botones…. ¡¿Cómo una sábana?! Los escalofríos comenzaron a recorrer su epidermis. ¿Acaso había sido Silo, el real triunfador de la lucha? Acaso en realidad él y su overol se encontraban ahora repartidos por el piso de la otra habitación, insertados en los restos del espejo que hubiera destruido a patadas A lo mejor él no era mas Silas, sino que Silo. Los escalofríos continuaron. No, mejor era no abrir el baúl, no comprobar si en su interior había un overol… ¡o una sábana!
6) Epílogo
El mismo Dario Rodrífulez, Silas, lo ha dicho incontables veces: Vivimos en un mundo lleno de confusión. Y por esa razón y no otra (según él) cada tanto alguien se equivoca y lo confunde con Silo. En estas situaciones Silas niega enfáticamente ser Silo. 
-¡Papá Silas existe! ¡Silo no existe! Arenga Silas periódicamente a sus discípulos para que no se confundan, para que estén muy concientes de gracias a quien están salvando a la humanidad. 
Dario Rodrífulez, Silas, practica la difícil tarea de huir de su pasado. Se podría decir que hasta parece resentido con sus primeros pasos mesiánicos, de los cuales quiere olvidarse en la creencia de que todo el mundo también se va a olvidar. Odia que por ejemplo le pregunten: ¿Qué pasó con la caída del sistema que anunciara por años de años? ¿En qué quedó su mensaje, al comienzo destinado solamente a los fracasados? ¿Por qué no nombra más al Shiloh de la Biblia? ¿Por qué no usa más su overol blanco, con el cual comenzara su carrera? En fin, son tantas las preguntas que Silas rehuye. 
Pero su mayor temor es otro; es descubrir que dejó de ser Silas y que en realidad él ahora es Silo, el ensabanado de sus primeros tiempos. Y por esa horrorosa razón Silas evita exponerse al reflejo de su propia imagen en espejos, vitrinas de tiendas, pozas de agua, planchas metálicas de textura muy lisa y brillante… sí, como en los cuentos de vampiros; esos seres parasitarios que vivían de la sangre de otros, de la vitalidad de otros.
7) Moraleja
No es fácil ser mesías. Y para intentar serlo se recomienda, como mínimo, dar pasos correctos desde el
comienzo y también, muy importante; no cambiar una sábana casera… ¡por un overol de ferretería!

martes, 4 de agosto de 2015

Concelebración.


En el post que publiqué ayer introducía un acápite al final en el que afirmaba que “la concelebración es un invento del Vaticano II”. Durante el día, recibí el siguiente comentario:

La concelebracion no es un invento del Vaticano II. Fue algo super comun y para la epoca de Trento se habia abandonado completamente en la Iglesia latina y no ae volvio a usar hasta el Novus Ordo. Entre los Orientalea es fue y sera moneda corriente, como en los principios de la Iglesia Romana y los Monasterios. No es algi malo en si mismo y ciertamente NO ES UN INVENTO DEL VATICANO II.
Y, en un comentario posterior, añadía que hubo concelebración hasta 1904.

Como el tema lo amerita, le responderé al amable y anónimo lector:
1. Tiene razón cuando dice que la concelebración no es un invento del Vaticano II. Yo me expresé mal o, al menos, de forma incompleta. Debería haber escrito: “La concelebración de la Santa Misa en el rito latino y en el uso actual, es un invento del Vaticano II”

2. Tiene razón el Comentador cuando dice que en Oriente es moneda corriente. En efecto, en el rito bizantino, por ejemplo, se concelebra habitualmente. Lo cual no habilita para que ese uso se traslade a otros ritos según el gusto del liturgista de turno. Si se adopta la concelebración, ¿por qué no adoptar las cortinas y las pantuflas de los armenios o el Pequeño Ingreso y el Himno Querubico de los bizantinos?

3. Sin embargo, se equivoca cuando dice que, en el rito latino, “fue algo común” y que “se había abandonado en la época de Trento”. Es verdad que, en los primeros dos o tres siglos de la Iglesia, era común la concelebración dominical del obispo con su clero. Este costumbre se mantuvo posteriormente en la Iglesia de Roma, donde el Papa concelebraba con los presbíteros de la Urbe pero no era tan común como dice el Anónimo. El Ordo de San Amando, por ejemplo, que Duchesnes data en el siglo VII (Origines du culte chrétien, Paris, 1920, p. 157), dice que el Papa concelebraba con los cardenales presbíteros solamente en algunas fiestas del año (Pascua, Pentecostés, San Pedro, Navidad, Epifanía, Ascensión y Sábado Santo). Siete días al año no convierte a una práctica en “común”. Notemos, además, que esto ocurría solamente en la Iglesia de Roma.

4. Para el siglo VIII ya había desaparecido la concelebración en la Iglesia de Roma.

5. Hay testimonios que indican que los obispos de otras sedes concelebrarían ocasionalmente con su clero. Sin embargo, estos documentos son muy escasos y no permiten afirmaciones definitivas. Y, por cierto, fue una práctica abandonada antes del siglo VIII.

6. Lo que sí resulta claro es que la concelebración, en todos los casos, se daba con el obispo. Es decir, nunca existió en el rito latino la concelebración de simples sacerdotes entre sí. 

7. El anónimo dice que también se concelebraba en los monasterios. No puedo opinar de un modo definitivo, pero lo cierto es que hasta fines del primer milenio los monasterios tenían pocos monjes sacerdotes: los suficientes para atender a la comunidad. No tenía sentido, por tanto, que concelebraran. Luego comienzan a multiplicarse debido a la necesidad de celebrar misa por los difuntos, las que eran encargadas, y pagadas, por los laicos (D. Iogna-Prat, Les morts dans la comptabilité céleste des clunisiens de l'an mil, Paris, 1990, p. 63). Cuando los sacerdotes son numerosos, la comunidad tendrá dos misas cantadas diariamente y el resto de los ordenados dirán misas privadas, en altares laterales y de modo simultáneo, antes y, sobre todo, después del capítulo (Davril - Palazzo, La vie des moines au temps des grandes abbayes, Paris, 2000, pp. 136-141). En ningún caso se habla de concelebración.

7. Hasta el concilio Vaticano II la única “concelebración” que existía era en la ceremonia de ordenación sacerdotal o episcopal en la que los neosacerdotes, de rodillas y con la casulla levantada, decían junto al obispo el Canon, como puede verse en la fotografía que ilustra el post. El anónimo dice que hasta 1904 había concelebración. Le pido que me diga en qué fuente se basa para hacer tal afirmación. Y la fuente, claro, no debe ser Bugnini o el P. Héctor Muñoz o.p., sino estudios serios de liturgia.

8. Nunca afirmé que la concelebración fuera mala en sí misma. No tengo idea si es buena o mala. Lo que digo es que no es tradicional  y, se me ocurre, que si alguien se hizo sacerdote para ofrecer el Santo Sacrificio y resulta que, una vez ordenado, tiene que concelebrar todos los días, debe sentir cierta frustración.


Conclusión: La concelebración, tal como se conoce actualmente, en la que los sacerdotes de una parroquia, seminario, convento o monasterio, concelebran habitualmente, no pertenece de ninguna manera a la tradición del rito latino y es una innovación (invento) del Vaticano II.