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sábado, 24 de marzo de 2012

Las Asombrosas Profecías de Bayside...


"El gran Concilio, el Concilio que ha traído discordia, desunión y la pérdida de almas, el mayor hecho detrás de esta destrucción fue debido a la falta de oración.  Satanás se sentó dentro de este Concilio, y él vio su ventaja."  San Miguel, 18 de Marzo, 1976 


Estas profecías vinieron de Jesús, María y los santos a Verónica Lueken en Bayside, NY, desde 1968 hasta 1995: 
EMPEZÓ  CON  BUENAS  INTENCIONES"Obispos en la Casa de Mi Hijo, la Iglesia, os habéis descarriado.  Habéis dispersado a Nuestras ovejas.  Os habéis unido con toda clase de herejes y maestros falsos.  Habéis empezado con buenas intenciones en vuestro Concilio, pero os engañaron en vuestra búsqueda de paz y hermandad.  Permitisteis que toda clase de error lentamente entrara en la Casa de Mi Hijo, la Iglesia.  Debéis comprender que estás poniendo en marcha la formación del Consejo Mundial de Iglesias, pero no será la Iglesia de Mi Hijo.  Será una iglesia del hombre, una iglesia sin la verdadera base." – Nuestra Señora, 5 de Junio, 1976 
LAS  PUERTAS  FUERON  ABIERTAS   "Oh, hijos Míos, reconoced, repito, los signos de vuestros tiempos.  Os estáis vendiendo rápidamente a la esclavitud.  Vuestro gobierno y los gobiernos del mundo ahora están casi en completo control por los agentes del infierno.  Las fuerzas del 666 están firmemente afianzadas en vuestro gobierno, en el clero - vuestros pastores, vuestros obispos, hasta satanás ha entrado en los más altos puestos de la jerarquía en Roma.
   "Hijos Míos, el Concilio Vaticano II fue iniciado con buenas intenciones, pero las puertas fueron abiertas a toda clase de herejes, produciendo una lenta contaminación de la Fe.  Hijos Míos, ¡tenéis ahora que despertar a los pastores de su sopor”  Ellos se han entregado a hora a una nueva religión del hombre." – Nuestra Señora 25 de Julio, 1977
 
TODA  CLASE  DE  PROMESAS"Toda clase de promesas fue hecha en el Concilio de Roma, Vaticano II. El camino al infierno es muchas veces pavimentado con buenas intenciones.
   "
Yo os he advertido en el pasado y os advierto de nuevo: no podéis comprometer vuestra Fe Católica con los enemigos de vuestro Dios.  En muchos países a través del mundo, parece ser, hijos Míos - y digo, parece ser, - que los líderes de los países comunistas están permitiendo una religión dentro de los gobiernos.  Esto es una farsa, hijos Míos, para cubrir el hecho que está controlado por el estado.  Las máquinas de propaganda envían mucha propaganda que engaña al público y a aquellos quienes están dispuestos a creer todo lo que se da en los medios de comunicación." – Nuestra Señora, 13 de Mayo, 1978 
SATANÁS  ESTUVO  PRESENTE"No destruiréis la Casa de Mi Hijo - Iglesia - asociándoos con los enemigos de Mi Hijo!  ¡No convertiréis al enemigo bajando las normas!  Vuestro ejemplo tiene que ser uno de una Fe inamovible.
  
"¡Cambio!  ¿Qué necesidad hay de cambio cuando la base ha perdurado la prueba del tiempo?  ¡Es el hombre insatisfecho, el hombre avaro y lascivo quien busca cambio!  ¡¿Cambia él para llevar al hombre a Dios?!  ¡No-o-o!  ¡Él cambia para quitar al hombre de Dios! - y entregárselo a Lucifer!
   "
Satanás estuvo presente - él escuchó con oídos cuidadosos durante el Gran Concilio.  ¡Él atendió cada movimiento, y  colocó a sus agentes entre vosotros!  ¡Reconoced y reconstruid vuestro camino!  ¡Habéis sido engañados!  ¡Vais por el mal camino!  Dad vuelta ahora, o sembraréis las semillas de vuestra propia destrucción!
  
"¿Cuántas advertencias recibiréis antes que la Mano de vuestro Padre sea enviada sobre vosotros?  Ninguna fecha doy a la humanidad, sino a unos pocos.  Todos los que aceptan la gracia dada libremente con pedirla, no serán tomados inadvertidamente.  ¡Ellos se prepararán!  Toda la humanidad sobre la tierra deberá prepararse para la muerte.
  
" Nosotros vemos a un mundo en el cual la humanidad va difamándose a sí misma y al Padre, revolcándose en toda clase de lujuria y placer, abominaciones - ¡aún en la Casa de Dios!  Él vive como si nunca fuese a morir!  Ninguna carne humana será eterna, ¡pero el alma es eterna y vivirá para siempre." – Nuestra Señora, 14 de Agosto, 1974

La revolución satánica gana momentum en el Concilio.


Parte 3 – 
Vaticano II: “el Concilio que trajo discordia, desunión y la pérdida de almas” 
"Repito, hijos Míos, como os He dicho en el pasado, que el gran Concilio fue manipulado por satanás.  Él se sentó allí entre vosotros y os trabajó como un tablero de ajedrez.
   "¿Qué podéis hacer ahora para recuperaros? Es sencillo, hijos Míos: regresad y empezad de Nuevo con las bases que os han sido dadas.  Debéis devolver el respeto a vuestro sacerdocio.  Debéis devolver el respeto a vuestro Santo Padre, el Papa Pablo VI!" 
– Nuestra Señora, 15 de Mayo, 1976
(Agradecimientos sinceros al Padre Paul Kramer por su libro,  The Devil’s Final Battle (La Batalla Final del Demonio), del cual muchas de las siguientes citas fueron tomadas). 

La revolución satánica gana momentum en el Concilio 
La palabra “revolución” ha sido empleada numerosas veces para describir el Vaticano II.  Durante el debate sobre la Constitución Litúrgica en el Concilio, el Cardenal Ottaviani preguntó, “¿Están estos Padres planeando una revolución?”  
En cuanto a los cambios hechos desde el Vaticano II, el Profesor James Daly escribió: 
Una cosa es llevar a cabo una revolución, y otra muy diferente es lograrlo y luego tener el atrevimiento de pretender que nada “sustancial” cambió.  Ganar no es suficiente para nuestros Roberpierres litúrgicos; ellos deben seguir adelante para declarar que ellos nunca usaron la guillotina.[1]

Aparentemente, la revolución se inició tempranamente.  Según Anne Muggeridge (la nuera del famoso periodista y Católico converso, el británico Malcolm Muggeridge), enThe Desolate City (La Ciudad Desolada), el Cardenal John Heenan de Westminster reportó que durante la primera sesión rebelde del Concilio, el Papa Juan XXIII se dio cuenta que el papado había perdido el control del proceso, e intentó organizar a un grupo de obispos para tratar de forzar que terminara.  Pero antes de que la segunda sesión del Concilio pudiera comenzar, el Papa Juan XXIII murió.  Sus últimas palabras en su lecho de muerte, según lo informó Jean Guitton, el único laico que podía servir como peritus en el Concilio, fueron: "Detengan el Concilio; detengan el Concilio." 
Antes del fin del Vaticano II, en Febrero de 1965, alguien le anunció al Padre Pío que pronto él tendría que celebrar un Nuevo rito, en idioma vernáculo, el cual había sido ideado por una comisión litúrgica conciliar.  Inmediatamente, aún antes de ver el texto, él le escribió al Papa Paulo para solicitarle ser dispensado del experimento litúrgico, y que ser le permitiera continuar celebrando la Misa de San Pío V.  Cuando el Cardenal Bacci llegó a verlo para entregarle la autorización, el Padre Pío dejó escapar una queja en la presencia del mensajero del Papa: "Por amor de Dios, terminen el Concilio rápidamente."  
Varios años después del Vaticano II, el 12 de Abril, 1970, la Hermana Lucía advirtió de "una desorientación diabólica invadiendo el mundo y mal guiando a las almas".  El 16 de Septiembre, 1970, ella le escribió a una amiga religiosa, la Madre Martins, quien había sido su compañera en Tuy en el noviciado de las Hermanas Doroteas.  Recientemente la Made Martins había sido fuertemente probada con una enfermedad:   
...Yo también, no me estaba sintiendo muy bien de mi corazón, mis ojos, etc.; pero es necesario para la Pasión de Cristo; es necesario que Sus miembros sean uno con Él, a través de dolor físico y a través de la angustia moral.  Pobre el Señor, Él ha salvado a tantos con tanto amor ¡y es tan poco comprendido!  Es doloroso ver una desorientación tan grande y en tantas personas que ocupan lugares de responsabilidad... De nuestra parte, hasta donde podamos, debemos tratar de hacer reparación por medio de una unión aún más íntima con el Señor; e identificarnos nosotros mismos con Él para que Él pueda estar dentro de nosotros como la Luz en un mundo sumergido en la oscuridad de error, inmoralidad y orgullo.  Me duele ver lo que usted me cuenta, ¡ahora que eso está sucediendo allá...!  Es debido a que el demonio ha tenido éxito en infiltrar el mal bajo un manto de bien, y los ciegos comienzan a guiar a otros, como el Señor nos dice en Su Evangelio, y las almas se están dejando engañar... Por este motivo es que el demonio ha librado tal guerra ¡contra [el Rosario]!  Y lo peor es que él ha tenido éxito en llevar las almas al error y al engaño; ¡las almas quienes tienen una gran responsabilidad dentro de los puestos que ellas ocupan...! Ellas pertenecen a hombres ciegos mal guían a otros hombres ciegos... 
La "gran desorientación y en tantas personas quienes ocupan puestos de responsabilidad " mencionada por la Hermana Lucía es una referencia a la desorientación dentro de la Jerarquía de la Iglesia Católica. 

Vaticano II y los herejes 
El Obispo Helder Camara alabó al Papa Juan XXIII por su  “valentía en nombrar durante la víspera del Concilio, como expertos conciliares, a muchos de los más grandes teólogos de nuestros días.  Entre los que él nombró hubo muchos quienes emergieron de las listas negras de sospecha.”  En otras palabras, de las censuras y las condenaciones de Pío XII y la Santa Sede.  Hubo herejes entre los que aconsejaban y ayudaban a los obispos a hacer un borrador de los documentos del Vaticano II. 
El Padre Paul Kramer reportó en su libro, The Devil’s Final Battle (La Batalla Final del Demonio) que: 
El 13 de Octubre de 1962, el día después de que los dos observadores comunistas llegaron al Concilio, y en el mismo aniversario del Milagro del Sol en Fátima, la historia de la Iglesia y del mundo fue profundamente cambiada por el más pequeño de los eventos.  El Cardenal Liénart de Bégica tomó el micrófono en el famoso incidente y exigió que los candidatos propuestos por la Curia Romana para dirigir las comisiones de los borradores durante el Concilio fueran excluidos y que se estableciera un nuevo estado de candidatos.  Se accedió a la demanda  y la elección fue pospuesta.  Cuando finalmente se hizo la elección, los liberales fueron elegidos para dirigir las altas comisiones conciliares – muchos de ellos de entre los mismos “innovadores” decretados por el Papa Pío XII.  Las esquemas tradicionales formuladas para el Concilio fueron desechadas y el Concilio se inició literalmente sin una agenda escrita, dejando el camino abierto para que documentos completamente nuevos fueran escritos por los liberales.  Es muy conocido y está espléndidamente documentado que una camarilla de liberales periti (expertos) y obispos procedieron luego a confiscar el Vaticano II con una agenda para re-hacer la Iglesia a su propia imagen a través de la implementación de una “nueva teología.’”[2] (p. 53)

Dos de estos teólogos fueron Hans Kung y Edward Schillebeeckx.  Según Chris Ferrara: 
Fue Schillebeeckx quien escribió la crucial página 480 del estudio crítico empleado por el “Grupo del Rhine”, los obispos quienes tenían que coordinar su campaña de relaciones públicas en contra de todos los esquemas completamente ortodoxos preparativos para el Concilio - los que llevaron al abandono de todas las preparaciones meticulosas que se habían efectuado para el Concilio.  Después Schillebeeckx fue sujeto de una investigación por parte del Vaticano en cuanto a sus injuriosas opiniones heterodoxas concernientes al nacimiento de la Virgen, la institución de la Eucaristía, la Resurrección, y el fundamento de la Iglesia.[3]  
Los liberales en el Vaticano II evitaron condenar los errores modernistas, el comunismo, y ellos también sembraron deliberadamente ambigüedades en los textos del Concilio los cuales intentaron aprovechar después del Concilio.  El peritus liberal del Concilio, el Padre Edward Schillebeeckx admitió que, “hemos empleado frases ambiguas durante el Concilio y sabemos cómo las interpretaremos posteriormente.”[4]  
Monseñor Rudlolf Bandas, un peritus  en el Concilio, reconoció que fue un grave error el haber permitido a sospechosos teólogos (como lo fueron Schillebeeckx y Kung) en el Vaticano II:  
Sin duda el buen Papa Juan pensó que estos teólogos sospechosos rectificarían sus ideas y realizarían un auténtico servicio a la Iglesia.  Pero sucedió exactamente lo contrario.  Apoyados por algunos de los Padres Conciliares del ‘Rhine’, y a menudo actuando de una manera positivamente aburrida, ellos se dieron vuelta y exclamaron: “Mirad, hemos sido nombrados expertos, nuestras ideas quedan aprobadas”...  Cuando yo entré el primer día de la cuarta sesión a mi tribunal en el Concilio, el primer anuncio que provenía del Secretario de Estado, fue el siguiente: “No será nombrado otro periti  más.”  Pero era demasiado tarde.  La gran confusión ya estaba en función.  Ya era aparente que no se permitirían el Concilio de Trento ni del Vaticano II, ni ninguna encíclica para impedir así su avance.[5]  
El Padre Paul Kramer escribe: 
En su libro Vatican II Revisited (El Vaticano II Revisitado), el Obispo Aloysius J. Wycislo (un defensor extático de la revolución del Vaticano II) declaró con frívolo entusiasmo que teólogos y hombres de letras bíblicas, que habían sido puestos “bajo una nube” durante años emergieron como periti (expertos teólogos que aconsejarían a los obispos durante el Concilio), y sus libros y comentarios pos-Vaticano II se convirtieron en lecturas populares.[6] 
Yves Congar, uno de los artesanos de la reforma comentó con discreta satisfacción que “La Iglesia ha tenido, pacíficamente, su revolución de Octubre.”[7]  Congar también admitió, como si fuese algo de qué estar orgulloso, que la Declaración sobre Libertad Religiosa del Vaticano II es contrario al Syllabus del Papa Pío IX.  Dijo: “No puede negarse que la afirmación que el Vaticano II hizo sobre la libertad religiosa en cuanto a lo material dice otra cosa de lo dicho por el Syllabus de 1864, justamente lo opuesto a las propuestas 16, 17 y 19 de este documento.”[8]  
El Cardenal Suenens declaró que “el Vaticano II es la Revolución Francesa dentro de la Iglesia.”[9]  El Cardenal Suenens pudiese ser uno de los cardenales mencionados por Nuestra Señora de las Rosas, quienes recibirían un gran castigo por su participación en la destrucción de la Iglesia. (Para más información…

Documentos del Vaticano II y sesiones 

Tal como lo declaramos arriba, el Padre Edward Schillebeeckx admitió, “hemos empleado frases ambiguas durante el Concilio y sabemos cómo las interpretaremos posteriormente.”[10]  El New York Times reconoció estas ambigüedades: “Los documentos del Concilio, elaborados por los obispos y sus asesores teológicos durante cuatro sesiones de dos meses cada una, llevadas a cabo durante cada otoño de 1962 a 1965, ofrecen más que suficientes compromisos y ambigüedades para las interpretaciones conflictivas”.  El Padre Frank Poncelot escribe: “Nadie puede negar que existen ambigüedades en los dieciséis documentos del Concilio.  Se pueden citar equivocadamente sus numerosos párrafos para demostrar o desaprobar muchas ideas y esto se hace frecuentemente para respaldar esquemas liberales y engañosos.”11 
El Cardenal Ratzinger observó que los documentos de Vaticano II, especialmente  Gaudium et Spes, comprometía a un “contra syllabus” diseñado a “corregir(!) ... la posición de una única cara que adoptó la Iglesia bajo Pío IX y Pío X,” y que estos documentos eran un “intento de una reconciliación oficial con la nueva era que había sido inaugurada en 1789.”[11] También admitió que  Gaudium et Spes está permeada por el espíritu de Teilhard de Chardin.[12]  
Sin embargo, Nuestra Señor de las Rosas declaró que Teilhard de Chardin está en el infierno:  
"Muchos de Nuestro clero se han vuelto ciegos a través de su amor por los placeres y riquezas mundanos.  Muchos han aceptado un alma, una vez alta como sacerdote.  ¡Teilhard está en el infierno!  Él se quema para siempre por l contaminación que propagó a través del mundo!  Un hombre de Dios (sacerdote) puede escoger como un instrumento humano, entrar al reino de satanás. El hombre no desafiará las leyes de Dios sin ser castigado.  Sois una generación perversa, y llamáis la mano del castigo rápidamente sobre vosotros."  - Nuestra Señora, 18 de Marzo, 1973 (Para más información…

En el Vaticano II, el Cardenal Alfredo Ottaviani se estremeció al descubrir que una declaración, que propone que las parejas casadas puedan determinar el número de sus hijos, haya sido agregada sumariamente al texto de “La Santidad del Matrimonio y la Familia” sin ni siquiera una discusión sobre su consistencia con las enseñanzas previas de la Iglesia.  El Cardenal Ottaviani preguntó:
...ayer en el Concilio debería haberse dicho que había dudas en cuanto a si se había tomado una postura correcta sobre los principios que rigen el matrimonio.  ¿No significa esto que será dudada la infalibilidad de la Iglesia?  O, ¿no iluminaría el Espíritu Santo con Su Iglesia, en los siglos pasados, las mentes sobre este punto de la doctrina?[13]  
El Padre Frank Poncelot escribe: 
El ecumenismo significa el movimiento moderno hacia una unidad religiosa, pero ahora uno de los problemas más serios es el falso ecumenismo debido a los elementos modernistas en la Iglesia, así como a los teólogos modernos no autorizados que tratan de “regalar la tienda”.  Los dieciséis documentos del Concilio Vaticano II son largos y “con muchas palabras”; muchas de sus secciones son ambiguas;  no fueron hechos para hacer cambios doctrinales sino, desafortunadamente, para abrir las puertas a cambios que no se tenía la intención de hacer.  Autorizó a comisiones a formarse y más tarde se volvieron “de extremo abierto”, especialmente cuando se hizo prevaleciente la espantosa palabra “opción” en la implementación del Concilio.  Estuvieron presentes más de 2000 obispos para todas las sesiones, así como numerosos observadores (incluyendo personas no Católicas) y los obispos periti.  A pesar que hubo diez Comisiones del Concilio, la alianza liberal europea, controlada principalmente por los obispos alemanes y sus periti, rápidamente dominaron las sesiones y, con mucho trabajo tras bambalinas, influyeron en la dirección tomada por las comisiones que fueron formadas en las secuelas del Concilio. Estas comisiones “implementaron” el Vaticano II y fueron responsables de interpretar las recomendaciones del Concilio en sus aplicaciones prácticas y pastorales.  Esto es muy importante tomar en cuenta ya que la gran mayoría de los obispos que estuvieron presente nunca tuvieron la intención que resultara la mayoría de las “implementaciones”, principalmente elNovus Ordo  (Nueva Orden) de la Misa – la Misa que realmente fue promulgada en 1970.  Irónicamente, el documento del cual provienen los cambios en la liturgia, la Constitución sobre la Sagrada Liturgia – el  primero de dieciséis documentos, es el documento peor comprendido de la Iglesia.  Hoy en día tenemos los misales romanos casi en su mayoría en vernáculo, mientras que el documento del Concilio contiene nada sobre la Misa vernácula, únicamente que algunas de las partes de la Misa pueden usar el vernáculo y ordenó que el idioma latín permaneciera en las partes esenciales de la Misa.  Una ironía adicional es que la mayoría de los Católicos hoy en día consideran que la Misa en latín está prohibida, cuando en realidad el Concilio prohibió lo opuesto – el uso exclusivo del vernáculo.[14]  
El cardenal John Heenan de Westminster, uno de los participantes en el Vaticano II, explica en su libro A Crown of Thorns  (Una Corona de Espinas):     
El tema que fue más debatido en su totalidad fue la reforma litúrgica.  Quizá sea más adecuado decir que los obispos estuvieron bajo la impresión que la liturgia había sido discutida en su totalidad.  En retrospectiva, está claro que se les dio la oportunidad de discutir únicamente los principios generales. Los cambios subsiguientes fueron más radicales que aquellos que intencionó el Papa Juan y los obispos, que pasaron el decreto sobre la liturgia.  Su sermón al final de la primera sesión muestra que el Papa Juan no sospechó lo que era planeado por los expertos litúrgicos.[15] 
El experto litúrgico, Monseñor Klaus Gamber, dice lo mismo en su libro, The Reform of the Roman Liturgy (La Reforma de la Liturgia Romana), que la nueva liturgia no hubiese sido tolerada en el Concilio: 
Una de las declaraciones que podemos hacer con toda seguridad es que el nuevo Ordo  de la Misa, el cual ha emergido ahora, no hubiese sido endosado por la mayoría de los Padres del Concilio.[16]  
Richard Cowden Guido informó que en el Sínodo de los Obispos de 1985 muchos obispos estuvieron abiertamente desilusionados con el Vaticano II: 
Ningún católico serio negará que hubo juicios errados en el Concilio.  Después del Sínodo de Obispos de 1985, fueron hechos comentarios sorprendentes por los obispos que admitieron lo anterior antes de irse de Roma.  Un autor escribió, citando a otra fuente: “… sin embargo, delicadamente en público y más cándidamente en privado, los padres del sínodo reconocieron que el Vaticano II cometió dos errores masivos en su juicio.  El primero fue la vasta sobre – estimación de la solidez de las enseñanzas y prácticas Católicas... el segundo error fue una ingenuidad asombrosa sobre la naturaleza del mundo moderno.”[17]  

El Vaticano II y el fracaso en condenar al comunismo 
El Vaticano II hasta falló en condenar el comunismo.  El Padre Frank Poncelot escribe: 
… El Vaticano II no fue convocado para suprimir una herejía o un problema específico en la Iglesia.  Pasó por alto el mal del comunismo;  pasó por alto la dispersión del modernismo con sus ingredientes masónicos que condenó el Papa San Pío X;  y que no trató los problemas que muy probablemente podrían causar los medios electrónicos para la Iglesia a nivel mundial.”[18] 
El Padre Paul Kramer informa que cientos de obispos intentaron condenar al comunismo en el Concilio, pero su solicitud se “perdió” misteriosamente”: 
Se “perdió” misteriosamente la intervención escrita de los 450 Padres del Concilio en contra del Comunismo, después de haber sido entregada a la Secretaría del Concilio, y a los Padres del Concilio que se levantaron para denunciar el Comunismo se les pidió que se sentaran y se callaran.[19]  
En 1983 el Arzobispo Marcel Lefebvre dijo en una conferencia en Long Island, Nueva York que fue él mismo quien llevó las 450 firmas a la Secretaría del Concilio en Vaticano II: 
Y se les prometió a los comunistas que el comunismo no sería condenado por la Iglesia y que no se condenó en el Concilio.  Yo mismo llevé las 450 firmas a la Secretaría del Concilio para que se condene al comunismo.  ¡Lo hice yo mismo!  Cuatrocientos cincuenta firmas de los obispos se engavetaron y se enterraron en el silencio, mientras a veces se escuchaba la solicitud de un único obispo.  En este caso, fueron ignorados los 450 obispos.  Se cerró la gaveta; nos dijeron, no, no, no tenemos ningún conocimiento al respecto, no habrá condena del comunismo.  Y ellos reemplazaron a los obispos anticomunistas:  Cardenal Mindszenty por el Cardenal Lekai, el Cardenal Beran en Checoslovaquia por el Cardenal Tomasec.  Lo mismo sucedió en Lituania y en Checoslovaquia, todos los obispos se hicieron sacerdotes del movimiento de Paz, colaboradores del régimen comunista.  Usted puede leer en el libro titulado Moscow and the Vatican  (Moscú y el Vaticano) sobre cómo los sacerdotes lituanos le escribieron una carta a sus obispos en la cual decían: “Hoy, ya no entendemos.  Anteriormente, nuestros obispos nos apoyaban en la lucha contra el comunismo y murieron mártires; muchos todavía están en prisión, otros están muertos martirizados porque nos apoyaron en contra de los comunistas para poder cumplir con nuestros deberes de sacerdotes, y ahora son ustedes los obispos que nos están condenando, son ustedes quienes nos dicen que no tenemos el derecho de resistir, de cumplir con nuestro apostolado porque es contrario a las leyes de comunismo, contrario al gobierno.[20]  
A través del Tratado Vaticano – Moscú se efectuó la promesa hecha a los comunistas en cuanto a que el comunismo no sería condenado por el Vaticano II.  Nuestra Señora de las Rosas dijo al respecto de este tratado: 
Verónica – Nuestra Señora sostiene un papel pergamino.
     "Mira, hija Mía, lo que ha sido escrito aquí.  ¿De adónde y cuándo se originó este pergamino de reconciliación con Rusia, firmado por muchos Cardenales?  Oh, hija Mía, Mi Corazón sangra...  El pergamino de papel contiene las palabras que establecieron el tratado entre el Vaticano y Rusia." (Nuestra Señora, 1 de Julio, 1985).  
Jesús también habló sobre el tratado: 
"Hija Mía e hijos Míos, recordad ahora, que os he pedido poneros en contacto con el Santo Padre, Juan Pablo II, y decirle que él debe de rescindir el Tratado, el Pacto hecho con Rusia; porque sólo de esa manera tendréis verdadera paz.." (Jesús, 6 de Junio, 1987) 

Vaticano II: uno pastoral y no un Concilio dogmático 
En la carta del Cardenal Ratzinger al Arzobispo Lefebvre el 20 de Julio, 1983, declara que: “deberá notarse que, debido a que los textos conciliares son de una autoridad variante, no está prohibida la crítica de ciertas expresiones de ellos, de acuerdo a las reglas generales de adhesión al Magisterio.  Igualmente usted puede expresar el deseo de una declaración o explicación a varios de los puntos... Personalmente usted quizá no puede ver cómo son compatibles y, por lo tanto, le pide a la Santa Sede una explicación. ”  El mismo Papa Pablo VI también hizo un comentario similar: “Dado el carácter pastoral del Concilio, evitó pronunciar de manera extraordinaria los dogmas investidos con la otra de infalibilidad.”[21]   
Al cierre del Vaticano II, los obispos le preguntaron al Arzobispo Felici (en Secretario del Concilio) sobre lo que los teólogos llamaron la “nota teológica” del Concilio.  Es decir, el “peso” doctrinal de las enseñanzas de Vaticano II.  Felici respondió: “Tenemos que distinguir de acuerdo a los esquemas y a los capítulos que ya han sido sujetos de definiciones dogmáticas en el pasado; en cuanto a las declaraciones que tienen un carácter nuevo, tenemos que hacer reservas.[22]   
En relación a los cambios nuevos y a las decisiones imprudentes que resultaron después del Vaticano II, Dietrich von Hildebrand, a quien el Papa Pío XII alabó como el “Doctor de la Iglesia del Siglo XX”, nos instruye diciendo:
En el caso de la autoridad práctica, distinta a la teórica, que se refiere, claro está, a las ordenanzas del Papa, no se ha prometido la protección del Espíritu Santo de la misma manera. Las Ordenanzas pueden ser desafortunadas, mal concebidas y hasta desastrosas, y han habido muchas así durante la historia de la Iglesia.  Aquí no cabe Roma locuta, causa finita. Los fieles no están obligados a considerar que todas las ordenanzas son buenas y deseables.  Las pueden lamentar y orar para que sean retornadas;  ciertamente, pueden trabajar, con todo el respeto que se merece el Papa, por la eliminación de las mismas.  

Nubes oscuras se forman antes del Vaticano II.


Parte 2 – 
Vaticano II: “el Concilio que ha traído discordia, desunión y la pérdida de almas” 
"Repito, hijos Míos, como os He dicho en el pasado, que el gran Concilio del II Vaticano fue manipulado por satanás.  El se sentó allí entre vosotros y os trabajó como un tablero de ajedrez.
  
 "¿Qué podéis hacer ahora para recuperaros?  Es sencillo, hijos Míos: regresad y empezad de Nuevo con las bases que os han sido dadas.  Debéis devolver el respeto a vuestro sacerdocio.  ¡Debéis devolver el respeto a vuestro Santo Padre...!" 
– Nuestra Señora, 15 de Mayo, 1976 

(Agradecimientos sinceros al Padre Paul Kramer por su libro,  The Devil’s Final Battle (La Batalla Final del Diablo), del cual muchas de las siguientes citas fueron tomadas). 
Nubes oscuras se forman antes del Vaticano II 
El Cardenal Ratzinger declaró en 1988 que muchas personas tratan el Vaticano II como “un nuevo comienzo a partir del punto cero,” como si este único Concilio pudiese, por sí mismo, redefinir el Catolicismo: 
El Segundo Concilio Vaticano no ha sido tratado como parte de la completa tradición viviente de la Iglesia, sino como un fin a la Tradición, un nuevo comienzo a partir del punto cero.  La verdad es que este Concilio en particular no definió ningún dogma, y deliberadamente escogió permanecer en un nivel modesto, como un simple concilio pastoral; y sin embargo, muchos lo tratan como si se hubiese hecho en sí un súper dogma, lo cual le resta importancia a todo lo demás. (1988 discurso a los obispos de Chile) 
El Cardinal Ratzinger lamentó en 1984: 
Repito aquí lo que dije diez años después de la conclusión del trabajo: es incontrovertible que este período [siguiente al Vaticano II] definitivamente ha sido desfavorable para la Iglesia Católica. 
La revolución desatada dentro de la Iglesia durante el Vaticano II se inició muchos años antes del Concilio.  El Padre Paul Kramer en su libro, The Devil’s Final Battle (La Batalla Final del Demonio), menciona que las corrientes del modernismo comenzaron a fortalecerse durante el reinado del Papa Pío XI.  Mucho antes del Vaticano II, el Papa Pío XI le preguntó a sus Cardenales si sería prudente convocar a un Concilio Eclesiástico.  El Padre Kramer escribe, “El Padre Raymond Dulac relata que en la asamblea secreta del 23 de Mayo, 1923, el Papa Pío XI le preguntó a los treinta Cardenales de la Curia si sería oportuno convocar a un concilio ecuménico...  Los Cardenales advirtieron lo contrario.  El Cardenal Billot advirtió acerca de, ‘La existencia de profundas diferencias en medio del episcopado mismo no pueden ser ocultadas...  [Ellos] corren el riesgo de dar lugar a discusiones que serán prolongadas indefinidamente.”[1]  
¡Y esto sucedió en 1923! 
El Cardenal Billot advirtió que un concilio pudiera ser “manipulado” por “los peores enemigos de la Iglesia, los modernistas, quienes ya se están preparando, como ciertas indicaciones muestran, a producir la revolución en la Iglesia, un nuevo 1789.”[2]  
Los cardenales quienes le advirtieron al Papa Pío XI en contra de convocar a un Concilio de la Iglesia en ese momento, estaban al tanto de las escrituras del excomulgado Canónigo Roca (1830-1893), quien predicó revolución y “reforma” en la Iglesia, y también predicó un futuro cambio en la liturgia: “[El] culto divino en la forma dirigida por la liturgia, ceremonial, ritual y regulaciones de la Iglesia Romana pronto sufrirán una transformación en un concilio ecuménico, el cual lo restaurará a la simplicidad venerable de la era dorada de los Apóstoles de acuerdo con los dictámenes de la conciencia y de la civilización moderna.”[3] 
Teniendo en mente las escrituras de Roca, como también las crecientes corrientes del modernismo, los sabios cardenales pudiera anticipar que los enemigos de la Iglesia podrían emplear un Concilio como un arma para introducir la revolución dentro de la Iglesia y dentro de su liturgia.  Los enemigos de la Iglesia esperaron su oportunidad, esperaron a un Papa quien pudiera ser manipulado lo suficiente para proveer una ventana para el asalto y la revolución desde adentro.  El tiempo vino con la llegada del Papa Juan XXIII: 
Cuando llegó la noticia de la muerte de Pío XII, Dom Lambert Beauduin, un amigo de Roncalli (el futuro Juan XXIII) confió en el Padre Bouyer: “Si Roncalli es elegido, todo estará salvado; él sería capaz de convocar a un concilio y de consagrar el ecumenismo.”[4]  
El Papa Pío IX declaró el 18 de Junio, 1871: “Lo que yo más temo no es la Comuna de la Parroquia – no – lo que yo más temo es el Catolicismo Liberal... Lo he dicho más de cuarenta veces, y se lo repito ahora, por el amor que os tengo.  El verdadero azote de Francia es el Catolicismo Liberal, que intenta unir dos principios tan repugnantes el uno al otro como el fuego y el agua.”[5]  
Como nos dijo Nuestra Señora de las Rosas: 
"Mi Hijo, Su Corazón está desgarrado por Sus representantes en el sacerdocio quienes ahora son Judas en Su propia Casa.  Ellos se asocian con los enemigos de vuestro Dios.  En la manera de humanismo y modernismo, y un ecumenismo que ha sido diseñado desde el infierno, el hombre ahora rápidamente prepara la completa capitulación de la Iglesia de Mi Hijo y del mundo bajo una dictadura del mal.” (Nuestra Señora, 22 de Noviembre, 1976) 
Nuestra Señora en Fátima trató de advertir al mundo de antemano en el Tercer Secreto de Fátima acerca de una revolución venidera a la Iglesia, una revolución que estaba muy ayudada por las maniobras antes, durante y después del Vaticano II.  En 1959 se anunció que el II Concilio Vaticano sería convocado.  Justo al año siguiente, el 8 de Febrero, 1960, el Vaticano anunció que el verdadero Tercer Secreto no sería dado a conocer y que “es muy probable que el ‘Secreto de Fátima’ permanecerá para siempre bajo un sello absoluto.” (A.N.I. servicio noticioso, 8 de Febrero, 1960) 
Es muy interesante notar que la decisión de convocar el Concilio ocurrió en 1959, y la supresión del Tercer Secreto al año siguiente en 1960. La Hermana Lucía también fue silenciada en 1960. ¿Por qué tuvieron que ser silenciados tanto el Tercer Secreto como la Hermana Lucía, y había una correlación con lo que se llevaría a cabo durante y después del Vaticano II? ¿Será que el Tercer Secreto y la Herman Lucía son profetas enviados por el Cielo oponiéndose a la orientación del Vaticano II, y por lo tanto los enemigos de la Iglesia tenían que silenciarlos? 
Es necesaria un poco de historia sobre el Tercer Secreto para comprender porque el año de 1960 fue significativo.  En 1946, se le preguntó a la Herman Lucía cuándo sería revelado al mundo el Tercer Secreto, y sin titubear ella respondió, "En 1960."  En 1955 el Cardenal Ottaviani le preguntó porque no sería abierto antes de 1960.  Ella le respondió, "porque entonces será más claro (mais claro)."  La Hermana Lucía había hecho que el Obispo de Fátima-Leiria prometiera que el Secreto sería leído al mundo a su muerte, pero de ninguna manera después de 1960, "porque la Santísima Virgen así lo desea."  Y del Canónigo Barthas: "Es más, [el Tercer Secreto] pronto será conocido, ya que la Hermana Lucía afirma que Nuestra Señora desea que sea publicado a principios de 1960."  (Para más información…) 
Como se menciona arriba, el verdadero Tercer Secreto no fue revelado en 1960 - en contra de la orden expresa del Cielo.  ¿Podría ser que el comentario de la Hermana Lucía de que el Tercer Secreto pudiera “parecer más claro (mais claro)" en 1960, y después ser debido a alguna profunda revolución dentro de la Iglesia en ese momento?  
El Padre Alonso, el archivero oficial de Fátima y uno de los más grandes eruditos sobre Fátima en el mundo, escribió lo siguiente acerca del Tercer Secreto: 
“Es, por lo tanto, completamente probable que el texto (del Tercer Secreto) hace referencias concretas a la crisis de fe dentro de la Iglesia y a la negligencia de los pastores mismos. ” Él habla además de “las luchas internas en el seno mismo de la Iglesia y de la grave negligencia pastoral por parte de la Jerarquía más alta,” de “las deficiencias de la Jerarquía superior de la Iglesia.” 
El Cardenal Oddi quizá ha dicho la mayor cita acerca de unir el Tercer Secreto a la revolución del Vaticano II: 
“¿Qué ocurrió en 1960 que pudiese haber sido visto en conexión con el Secreto de Fátima?  El evento más importante es sin duda el lanzamiento de la fase preparatoria del Segundo Concilio Vaticano.  Por lo tanto, no me sorprendería si el Secreto tuviese algo que ver con la convocación del Vaticano II...  No me sorprendería si el Tercer Secreto alude a los tiempos oscuros para la Iglesia; confusiones graves y apostasías preocupantes dentro del Catolicismo mismo... Si consideramos la grave crisis que hemos vivido desde el Concilio; no faltan los signos de que esta profecía ha sido cumplida...” (17 de Marzo, 1990 en una entrevista publicada en la revista Il Sabato en Roma)

"Cómo os advertí y advertí que satanás entraría en los más altos reinos de la Jerarquía en Roma.  El Tercer Secreto, hija Mía, es que satanás entraría dentro de la Iglesia de Mi Hijo." – Nuestra Señora, 13 de Mayo, 1978
"Hijos Míos, hace mucho tiempo os advertí desde Fátima, os advertí a través de muchos portavoces a través de vuestro mundo que el tiempo vendría cuando estaríais sobre un mar tormentoso, y será Obispo contra Obispo y cardenal contra cardenal, y satanás se establecerá a sí mismo en su medio." – Nuestra Señora, 20 de Noviembre, 1976 
"Os digo esta noche, como Dios vuestro, que en esa fecha, como se anunció en Fátima, Satanás entró en Mi Iglesia sobre la tierra.  Él trajo consigo a sus agentes – y satanás mismo, el engañador de toda la humanidad – se sentó también en el Vaticano II y manipuló a todos los de afuera a entrar y distorsionar Mis doctrinas y distorsionar la verdad... Y si pensáis que habéis visto carnicería ahora ya en la Iglesia, lo peor está aún por venir, a menos que sigáis las reglas dadas por Mi Madre hace muchos años, de oración, reparación y sacrificio.  Por vuestro ejemplo podríais salvar a otros.  Porque pronto descenderá sobre vosotros el gran Castigo.  Viene en dos partes, hija Mía e hijos Míos: la Tercera Guerra Mundial y, también, la Bola de la Redención.  Estos no pueden ser retrasados por más tiempo.  Porque los  buenos parecen seguir su camino, quizás orgullosamente.” - Jesús, 18 de Junio, 1986

El Concilio que trajo la discordia, la desunión y la pérdida de almas para el Cielo...


Parte 1 – Infiltración en la Iglesia 
Vaticano II: 
"Repito, hijos Míos, como os He dicho en el pasado, que el gran Concilio del II Vaticano fue manipulado por satanás.  El se sentó allí entre vosotros y os trabajó como un tablero de ajedrez.
  
 "¿Qué podéis hacer ahora para recuperaros?  Es sencillo, hijos Míos: regresad y empezad de Nuevo con las bases que os han sido dadas.  Debéis devolver el respeto a vuestro sacerdocio.  ¡Debéis devolver el respeto a vuestro Santo Padre...!" 
– Nuestra Señora, 15 de Mayo, 1976 
“¿Estos Padre están planeando una revolución?”  Estas fueron las palabras del Cardenal Ottaviani durante el debate sobre la Constitución de la Liturgia durante el Segundo Concilio Vaticano.  Una revolución fue planeada mucho antes que el II Vaticano, pero la revolución alcanzó una masa crítica y luego explotó por toda la Iglesia bajo la apariencia del II Vaticano. 
Infiltración de la IglesiaEl Obispo Rudolph Graber, en su libro, Athanasius y la Iglesia de Nuestro Tiempo (1974), citó a un prominente Francmasón quien declaró que “la meta (de la Francmasonería) ya no es la destrucción de la Iglesia, sino hacer uso de ella al infiltrarla.”[1] 
     Los Católicos no sólo tienen que estar preocupados por los masones en su medio, sino también por los comunistas.  A principios de los años de 1950, la Sra. Bella Dodd dio a conocer un gran testimonio sobre la infiltración comunista en la Iglesia y el Estado ante el Comité de Actividades No-Americanas de la Casa de Representantes, y también proveyó explicaciones detalladas de la subversión comunista en la Iglesia.  Hablando como una antigua funcionaria de alto rango del Partido Comunista Americano, la Sra. Dodd dijo: "En los años de 1930s nosotros colocamos a mil cien hombres dentro del sacerdocio para poder destruir la Iglesia desde adentro."  Doce años antes del Vaticano II, ella dijo: "Ahora mismo ellos están en los lugares más altos dentro de la Iglesia".  Ella predijo cambios en la Iglesia que serían tan drásticos que "ustedes no reconocerán la Iglesia Católica."     La doctora 
Alice von Hildebrand recordó, durante una entrevista con la revista Latin Mass (Misa Latina), que "Bella Dodd le dijo a mi marido y a mí que cuando ella era un miembro activo de partido [Comunista], ella había tratado con no menos de cuatro cardenales dentro del Vaticano 'quienes estaban trabajando para nosotros'." (revista Latin Mass, Verano 2001)
     También sabemos de la infiltración comunista dentro de la Iglesia Católica por un libro, A.A. 1025.  Estas son las memorias de un agente comunista quien se infiltró dentro de la Iglesia Católica en 1938, fue al seminario, se convirtió en un sacerdote quien ejercía enorme poder detrás de las escenas, y quien participó en el Vaticano II.  Él logró fomentar la adopción de documentos ambiguos del Concilio, los cuales trazaron la base para futuros experimentos por parte de prelados y sacerdotes ingenuos.  Él declaró: "'El Espíritu del Concilio' para mí se ha convertido en un triunfo magistral."
     No se conoce la identidad verdadera de este agente excepto por el número de código AA-1025 dado por la Policía Secreta Rusa, significando número 1025 Anti-Apóstol. Hubo muchos agentes 1024 como él, antes que él.  Algunos han alcanzado el rango de Arzobispo y Cardenal, muchos de los cuales pudieron haber sido jefes de departamentos en la curia (gobierno papal) y dentro de congregaciones religiosas.
     Él murió en un hospital después de un accidente de carro, y la enfermera quien lo atendió, (Marie Carre) providencialmente descubrió sus memorias personales en su maletín.  Después de leerlas, ella decidió publicarlas para que el mundo conociera el porqué la Iglesia Católica ha estado pasando por cambios destructivos muy a pesar de sus fieles.  La traducción al ingles está publicada bajo el título AA 1025: The Memoirs of an Anti-Apostle (Las Memorias de un Anti-Apóstol) por Éditions Saint-Raphael, 31, rue King Ouest, Suite 212, Sherbrooke, Québec, Canadá, 1988. 
     Dentro del diario del agente comunista se encuentran muchos detalles escalofriantes que contienen planes para la destrucción de los fieles dentro de la Iglesia Católica. Este agente comunista escribe:
"Para debilitar aún más la noción de la 'Verdadera Presencia' de Cristo, todo recato tendrá que ser eliminado.  Ya no más vestimentas bordadas costosas, no más música llamada sagrada, especialmente los cantos Gregorianos, sino una música al estilo jazz,  no más persignarse, no más genuflexiones, sino más bien sólo dignas actitudes rigurosas...   Es más, los fieles tendrán que quitarse la costumbre de arrodillarse, y esto será completamente prohibido cuando reciban la Comunión...  Muy pronto, la Hostia será colocada en la mano para borrar toda noción de que es Sagrada."
Alice von Hildebrand reportó el siguiente incidente en una entrevista con la revista Latin Mass (Verano 2001). En esta entrevista, ella mencionó al sacerdote italiano Don Luigi Villa (diócesis de Brescia), quien publicó dos libros en 1998 y en 2000.  El Padre Villa, por solicitud del Padre Pío, dedicó muchos años de su vida a la investigación de la infiltración, tanto de los francmasones como los comunistas dentro de la Iglesia:
“Otra ilustración de infiltración presentada por el Padre Villa es una relatada a él por el Cardenal Gagnon.  El Papa Paulo VI le había pedido a Gagnon que encabezara una investigación concerniente a la infiltración de poderosos enemigos dentro de la Iglesia.  El Cardenal Gagnon (en ese tiempo Arzobispo) aceptó esta desagradable tarea, y recopiló un grueso dossier, rico en hechos preocupantes.  Cuando fue completado el trabajo, él solicitó una audiencia con el Papa Paulo para entregarle personalmente el manuscrito al Pontífice.  Esta solicitud para una reunión fue negada.  El Papa dio la orden de que el documento fuese entregado en las oficinas de la Congregación para el Clero, específicamente que fuera colocada en una caja fuerte con doble llave.  Esto nunca se llevó a cabo, pero al día siguiente la caja fuerte fue quebrada y el manuscrito misteriosamente desapareció.  La política usual del Vaticano es de asegurarse que esta clase de noticias nunca salga a luz.  No obstante, el robo fue reportado hasta en el L’Osservatore Romano (quizá bajo presión porque había sido reportado en la prensa seglar). El Cardenal Gagnon, por supuesto, tenía una copia, y una vez más solicitó una audiencia privada con el Papa.  Una vez más su solicitud fue denegada.  Él entonces dispuso salir de Roma y regresar a su tierra natal de Canadá.  Más tarde, fue llamado de regreso a Roma por el Papa Juan Pablo II y fue nombrado cardenal.” (Revista Latin Mass, Verano 2001) 
Su marido, Dietrich von Hildebrand, advirtió en el libro The Devastated Vineyard (El Devastador Viñedo) que la Iglesia solamente puede salvar a la humanidad desde el borde de la destrucción, "si el viñedo del Señor florece de nuevo.  Y por lo tanto tenemos que bombardear al Cielo con oraciones para que el espíritu de San Pío X una vez más pueda llenar la Jerarquía, que las grandes palabras anatema sit pueden sonar una vez más en contra de todas las herejías, y especialmente, en contra de todos los miembros de la 'quinta columna' dentro de la Iglesia." 

martes, 20 de marzo de 2012


NOTIVIDAAño XII, Nº 809, 20 de marzo de 2012
CONSORCIO DE MÉDICOS CATÓLICOS SOBRE PRONUNCIAMIENTO DE LA CSJN
EL Consorcio de Médicos Católicos le pide al Ejecutivo nacional y a los legisladores que “estén a favor de los derechos humanos” que -desde las atribuciones que sus cargos le confieren- condenen el aborto en casos de violación “por ser ello contrario a la vida, a la justicia con los más débiles y por constituir un asesinato, grave agresión al bien común de la sociedad y de las familias que la constituyen”.
Destacan que el pronunciamiento de la CSJN es “simplemente enunciativo y no obliga” y que el ser humano a partir de que es “concebido es una persona humana con las características, derechos y dignidad que le son propias”.
Remarcan que la violación es un delito bien tipificado en el Art. 119 del Código Penal y que debe existir una denuncia y la condena respectiva.
Tras recordar que los médicos han jurado “defender la vida y la salud de sus enfermos; no matarlos”; exhortan a sus colegas a que “de ninguna manera y por ninguna presión”, se conviertan “en verdugos de pequeñas personas inocentes”.
Como médicos católicos, enfatizan finalmente, que “es Dios quien da la existencia y no existe sociedad o autoridad alguna que pueda disponer libremente de la vida de una persona humana inocente. Desde sus inicios, Dios otorga al nuevo ser humano un alma que le da la dignidad de persona humana, heredera del cielo. Asesinar a esa persona pequeña e indefensa o considerarla un injusto agresor, es un grave atentado a los planes de Dios”.
A continuación el texto completo de la Declaración:
DECLARACIÓN DEL CONSORCIO DE MEDICOS CATÓLICOS
SOBRE EL ABORTO EN CASOS DE VIOLACIÓN
El Consorcio de Médicos Católicos de Buenos Aires lamenta profundamente el fallo unánime de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación , de no castigar el aborto en los casos de violación. Este fallo -explicito para los casos de violación- implica llanamente la supresión del derecho humano mas fundamental, cual es el de nacer, pues se podrá aplicar en cualquier embarazo.
La Corte Suprema se ha excedido en sus facultades. Se han violado puntos de índole procesal, naturales, biológicos, estadísticos, jurídicos, éticos y religiosos.
Procesalmente la Corte no tenía a resolución ningún caso ni expediente concreto y su fallo fue en adhesión a la Resolución de un Tribunal Provincial. Por lo tanto, su Declaración es simplemente enunciativa y no obliga, por no ser dictamen de un caso en estudio, pero seguramente será acatada y seguida por la mayoría de los tribunales inferiores.
            Atenta contra la naturaleza humana, que un Alto Tribunal de Justicia dicte un fallo como el analizado. Los embriones y los fetos son seres humanos y ciudadanos que desde su concepción tienen que ser protegidos por la Justicia y defendidos por la Corte. Si hubo un delincuente violador, es a él a quien hay que buscar y castigar. Es incoherente castigar con la pena de muerte, violenta y agresiva, al ser inocente resultado de ese delito sexual.
Biológica y antropológicamente el ser concebido es una persona humana con las características, derechos y dignidad que le son propias. Es un ser en acto. Es decir: vive, existe. Es muy pequeño, microscópico: mide sólo 140 micrometros, la séptima parte de un milímetro. Pero tiene vida activa. La primera semana de vida no crece en tamaño, pero sus células se multiplican aceleradamente. Mas aún, durante esos primeros días de su existencia -antes de anidarse en el útero materno- es un ser libre y autónomo que vive y se desplaza por la Trompa de Falopio materna.
Y este ser en acto, tiene en potencia todas las cualidades y propiedades que tendrá en su vida adulta. Se formó físicamente con la mitad de los cromosomas que aportó la madre y la otra mitad el padre (aunque sea el violador). No se puede decir que ahora es “algo” y que después será una persona. Es, ya una persona humana completa con potencias que se irán desarrollando progresivamente. Tiene cromosomas sexuales XX si es mujer o cromomas XY si es varón. Y eso es definitivo y nunca cambiará. Físicamente medirá 4 cm. a los dos meses de gestación, 25 cm. a los cinco meses, 50 cm. al nacer a los nueve meses y 1,60 o 1,80 metros en la adultez.
Al abortar se está asesinando un pequeño ser humano.
Estadísticamente, los partidarios del aborto manifiestan que por los abortos clandestinos mueren centenares de madres y sobre todo adolescentes inexpertas. La realidad y las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud del año 2009 señalan que por todas las causas hubo 429 muertes maternas en el país, y de ellas, 87 lo fueron por abortos, suma de espontáneos y de provocados.
Por otra parte, hablan de una calamidad nacional, especialmente entre las madres adolescentes que -dicen- mueren por abortos clandestinos. Se habla de decenas de muertes de adolescentes por esa causa, en las regiones más pobres del país. Eso no es verdad. Estudiando las mismas cifras estadísticas oficiales del Ministerio de Salud se observa que en las madres adolescentes menores de 20 años de edad, la mortalidad materna por todas las causas en la Argentina ha sido de 35 madres. En ese año, en todo el país han fallecido 8 jóvenes menores de esa edad por abortos espontáneos o provocados. Esto destruye el argumento tan difundido, de que es necesario el aborto legal para evitar la alta mortalidad de menores de edad por aborto en la Argentina.
Para reducir estas muertes la solución no es el aborto libre, sino mejor organización sanitaria, buena atención médica y un subsidio serio universal a las madres embarazadas y a los recién nacidos. Por otra parte, con los abortos permitidos libremente, aumentarán las muertes maternas.
Jurídicamente, el aborto libre “en casos de violación” contradice a la Constitución Nacional, al Código Civil y al Código Penal. La Constitución en el Preámbulo sostiene que hay que afianzar la justicia, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad. En su Art. 18 prohíbe tanto las penas sin juicios previos, como los tormentos. El Art. 25, inc. 22 otorga jerarquía constitucional -superior a las leyes- a los Convenios internacionales que defienden al niño desde la concepción, como ser la Convención Americana de Derechos Humanos de Costa Rica del año 1969 y la Convención de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño del año 1989.
            El Código Civil señala en su Art. 70 que “se es persona desde la concepción”. El Código Penal condena el aborto en el Art. 85 y expresa en el Art. 86 inc 1) que no es punible en caso de peligro para la madre y en el inc. 2) en caso de“violación o de atentado al pudor de una mujer idiota o demente”. Pero la Corte no ha interpretado este inciso del Articulo 86 del Código Penal (que es clarísimo) sino que en la práctica lo ha derogado. Ello no puede hacerse en un estado de derecho. La única forma de derogar una ley, es por otra ley posterior. Este es un principio básico de la República. Los jueces de la Corte no pueden interpretar una ley de la manera en que lo han hecho.
            A fin de evitar que el erróneo fallo sea extendido a casos en que no hubo violación, es de esperar que los jueces de todo el país tengan presente que la violación es un delito bien tipificado en el Art. 119 del Código Penal y que para darle valor legal debe existir una denuncia judicial del delito y una condena respectiva. Esa denuncia, debe ser hecha en tiempo y forma, obviamente simultáneamente con la comisión del delito y no uno, dos o más meses después de alegado el hecho.
La Corte con su fallo permite abortar, pero los que realizarán los abortos serán médicos que han estudiado y se han dedicado a defender la vida y la salud de sus enfermos. No a matarlos. Al recibirnos hemos hecho el juramento hipocrático o de la Convención de Ginebra, de defender la vida y de no matar. De ninguna manera y por ninguna presión, debemos los médicos y el equipo de salud convertirnos en verdugos de pequeñas personas inocentes.
No escapa a nuestro pensamiento la tremenda realidad y el estado emotivo que se genera en una mujer que ha sido violada, quien sin duda llegará a plantearse diversas alternativas respecto de su situación. Frente a ello, la legislación y las autoridades deberán tener muy en cuenta la asistencia médica, social, psicológica, familiar y religiosa de aquella persona que lleva dentro una nueva persona, un ser humano con derecho a la vida.
 Finalmente -y muy importante- como médicos católicos declaramos que es Dios quien da la existencia y no existe sociedad o autoridad alguna que pueda disponer libremente de la vida de una persona humana inocente. Desde sus inicios, Dios otorga al nuevo ser humano un alma que le da la dignidad de persona humana, heredera del cielo. Asesinar a esa persona pequeña e indefensa o considerarla un injusto agresor, es un grave atentado a los planes de Dios.
            Por eso el Concilio Vaticano II en el punto 51 de la Constitución PastoralGaudium et Spes dice que “el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” y Juan Pablo II en el punto 62 de la Encíclica Evangelium Vitae lo reafirma, llamándolos “crímenes nefandos”.
El Consorcio de Médicos Católicos lamenta la interpretación que ha dado la Corte al Art. 86 del Código Penal y ruega a Dios y a la Virgen Madre ilumine las mentes y los corazones de las autoridades para reparar este error. Además, espera fervientemente que el Poder Ejecutivo eleve un proyecto de ley al Parlamento, o que legisladores que estén a favor de los derechos humanos presenten un proyecto de ley, que condene el aborto en los casos de violación, por ser ello contrario a la vida, a la justicia con los más débiles y por constituir un asesinato, grave agresión al bien común de la sociedad y de las familias que la constituyen.
Dr. Alejandro NOLAZCO, Presidente
Dr. Fabián ROMANO, Secretario
Dr. Carlos Abel RAY, Consultor
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NOTIVIDAAño XII, Nº 809, 20 de marzo de 2012
Editores: Lic. Mónica del Río y Pbro. Dr. Juan C. Sanahuja