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martes, 27 de mayo de 2014

El Muro de los Lamentos.,

El Muro de las Lamentaciones y otras idolatrías

El Muro de las Lamentaciones y otras idolatrías

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El rabino Samuel Rabinovitch supervisa las labores de limpieza del muro por dos árabes
Cosas que ignoran -a lo que parece- los católicos que depositan papelitos en el Muro de las Lamentaciones:
El Muro de las Lamentaciones es un invento talmúdico farisaico que no tiene nada que ver con el Templo. Es solo uno de los cuatro muros de apoyo construidos en tiempos de Herodes para ampliar el Monte del Templo. Este era el muro más cercano al barrio judío, por eso lo usaban como lugar de oración.
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Los rabinos afirman que el sitio está cerca de las puertas del Cielo, por lo que llueven las bendiciones sobre él. Al poner un papel en el muro, tiene más posibilidades de llegar al cielo. Hay un servicio de pago para poner el papel cuarenta días seguidos, para que surta más efecto.
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El Templo fue teológicamente destruido por Cristo y es un lugar maldito. Los intentos de reconstrucción por Juliáno el Apóstata fueron frustrados por fenómenos milagrosos.
Algunos judíos realizan un movimiento obsceno frente al muro que equivale a la cópula con la divinidad femenina que según la Cábala emana del lugar.
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(Benedicto XVI rezando como un Judio en el Muro de los Lamentos, mientras que bajo la supervisión de dos rabinos.)
Una táctica favorita de los judios talmúdicas es tener un líder religioso o político van al Kotel(también conocido como Muro de las Lamentaciones o Muro de las Lamentaciones) y rinden homenaje a su hombre hecho de la religión rabínica. Se trata de una profesión pública externa de la sumisión a la fe farisaica para todo el mundo lo vea. Benedicto XVI y el nuevo santo Juan Pablo II tanto fueron al Muro de las Lamentaciones para demostrar su fe no en el catolicismo, pero hoy en día el judaísmo. Durante su viaje, a Jordania, los territorios palestinos ocupados e Israel,Francis está programada para el lunes 26 mayo 2014 a 09:10 para visitar el Muro de los Lamentos en Jerusalén . Esto se llevará a cabo 35 minutos antes de ir a Monte Herzl para colocar una ofrenda floral en la tumba de Theodor Herzl.

Un par de cosas sobre el Kotel que el amable lector puede o no estar familiarizados con. El Muro de los Lamentos se nos dice por los rabinos es el único vestigio que queda del Templo Sagrado de Jerusalén. Ellos también dicen a sus seguidores que la bendición y bondades de Dios emanan de este lugar, ya que está cerca de una de las puertas del cielo. Por lo tanto, al hacer que su jugador se coloca en el papel de la pared, la oración llegará a Dios en el cielo. En el siglo 20, los rabinos comenzó una raqueta lucrativa de cobrar por tener un acto rabino como un sustituto para usted, escribiendo una nota y colocarlo en las piedras místicas del Kotel. Una práctica muy recomendada es por haber hecho esto durante 40 días consecutivos, lo que redundará en la búsqueda de un marido o una esposa. Ka-ching para los rabinos!

Ahora sobre los hechos relacionados con el Muro de los Lamentos. Según el rabino Yehoram Mazor, en el artículo 24 de septiembre de 1999 Ha'aretz, rabinos cuestionan la pertinencia de Muro de las Lamentaciones,

"El Muro de los Lamentos es sólo una de las cuatro paredes de soporte construido por el rey Herodes, cuando se amplió el Monte del Templo. Estas cuatro paredes se mantienen en pie, y en diferentes momentos de cada uno de ellos ha sido un lugar de culto judío.

"El Muro de los Lamentos sólo alcanzó su estado actual durante el período otomano, por la sencilla razón de que era la pared más cercana al barrio judío.

"No tiene ninguna conexión religiosa al templo, cuyos restos están enterrados debajo de la Mezquita de Omar [la Cúpula de la Roca]."

Historiador Inglés Simon Goldhill dice de él en las páginas 4 y 7 en su libro, El Templo de Jerusalén,

"El muro en realidad no tenía ningún significado religioso en absoluto en la época de Herodes: donde la gente ahora orar no era más que una carretera en la parte inferior de la pared que sostenía la plataforma en la que existía el Templo Era una solución funcional al problema arquitectónico. de la plataforma, y ​​no es parte de la propia templo ".

Refiriéndose de nuevo de nuevo a el artículo de Ha'aretz, rabinos cuestionan la pertinencia del Muro de los Lamentos,

Entre los que se han propuesto para desacreditar las afirmaciones de Mazor es rabino Regev, director del IRAC (Comité de Acción Religiosa de Israel), los asuntos públicos y el brazo legal del movimiento, que ha representado a varios grupos religiosos ante el Tribunal Superior en relación con el derecho de todos los Judios a orar en el lugar que deseen, incluida la celebración de los servicios igualitarios.

Regev cree que los hechos históricos que rodean los orígenes de la pared son inmateriales a la significación del sitio. "La religión pertenece tanto a la esfera de las emociones, ya que responde a la lógica. El hecho histórico fundamental es que el Muro Occidental, ocupa un lugar de vital importancia en la conciencia judía, y eso es lo que es relevante. Vez que un sitio se imprime tan poderosamente en colectivo conciencia, no importa un ápice si su autenticidad se basa en hechos irrefutables fríos. Casi cada Judio que viene a Israel considera una visita a la pared el punto culminante de su viaje ".

Así que querido lector puede ver, todo está compuesto por los rabinos. Es una tierra de fantasía para aquellos encadenados por las normas del judaísmo talmúdico. Hablando de reglas, en elKotel, los hombres y las mujeres se mantienen separados por una pared! ¿Qué happneded a la doctrina judía liberal de la igualdad? Bueno, esto no es nada comparado con lo que el Talmud tiene que decir acerca de la inferioridad de la mujer. Supongo que algunas personas son más iguales que otros.


Ahora sobre Benedicto XVI y del servilismo de Juan Pablo II en el Kotel. Juan Pablo II estableció el precedente, el 26 de marzo de 2000 por ser los primeros en visitar el Muro de los Lamentos y colocar una oración allí. Como Benedicto XVI ha continuado esta práctica sacrílega y apóstata, el 12 de mayo de 2009, nada menos que se espera de Francis. Había mucho titubeos por los talmudistas antes de que Juan Pablo II y Benedicto XVI se les permitía ir al Muro de los Lamentos y colocar sus oraciones en las piedras mágicas. Espere el mismo comportamiento hacia Francis. Recuerde querido lector, Francis estará siguiendo día moderno rituales religiosos de los judíos en este acto físico.

El excelente sitio web, Tradición En Acción, tiene más que decir acerca de la última de estas transgresiones contra Dios, en su entrada, Benedict desafiando la ira de Dios en el Muro de los Lamentos ,

Como se recuerda, el Templo fue destruido como parte de la pena por el delito de Deicide perpetrado por los los Judios - los sumos sacerdotes, escribas y fariseos, junto con las personas, que pidieron que la Sangre de Jesucristo, Hijo de Dios, caen sobre ellos y sus descendientes - como se informa en los Evangelios.

Después de la destrucción del Templo por Tito en el año 70 AC, una tentativa fue hecha por el emperador Juliano el Apóstata para reconstruir ese edificio. Tenía la intención de destruir la creencia de que el castigo se debió a la muerte de Nuestro Señor. Su iniciativa fue impedido por los terremotos y las bolas de fuego que caen del cielo que destruyó lo que se había hecho y asustó a los trabajadores. Julian murió en junio de 363 durante ese intento de reconstruir el Templo. Confesando su fracaso en su lucha contra Jesucristo, exclamó al morir: "¡Tú lo has ganado, oh galileo"

Después de eso, nadie trató de reconstruir ese edificio maldito.

Benedicto XVI, como Juan Pablo II antes que él, desafió la ira de Dios cuando fue a "orar" en ese lugar - a propósito ignorar el castigo de Dios que representa.

En la oración que escribió el Papa representa a sí mismo ni como representante de Jesucristo, cuyo nombre no mencionó, ni como el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, sino más bien como un embajador autodesignado de "todos los que invocan de Dios nombre ". Haciendo caso omiso de la Pasión de Nuestro Señor, que sufrió en esa misma ciudad de Jerusalén, Benedicto XVI se dirigió al "Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob", supuestamente el mismo Dios de los católicos, Judios y musulmanes.

(Un judio davening o copular con la Shekinah.)

Rabino Isaac ben Salomón Luria Ashkenazi (aka Ha'Ari) fue un rabino cabalístico siglo 16 que decía tener conversaciones con Elías (Elías) el Antiguo Testamento. Muchas de sus enseñanzas se fueron en contra y eran contrarias a las enseñanzas rabínicas tempranas. Estamos divagando.La razón Judios rezar en el Muro Occidental en porque el rabino Luria dijo a sus seguidores que este sitio, que los cristianos estaban usando en ese momento como un basurero, era donde se había localizado el Templo. El razonamiento rabino Luria dio detrás de esto es que los cristianos son los enemigos de los Judios por lo que están profanando un lugar sagrado judío. Les dijo además la Shekinah emana de la pared. Para aquellos que no saben sobre el judaísmo, la Shekinah es el aspecto femenino de Dios. Baste decir que Dios estaba en su forma original era un hermafrodita y es responsabilidad Judios reunir a la Shekinah con la divinidad masculina de los detalles de este se establecen en el Zohar un libro cabalístico. Cuando en la pared del daven talmudistas. Recitaciones de oración es una forma ritual de rezo judío jasídico que implica el uso de todo el cuerpo. Si usted ha visto un Judio meciéndose hacia adelante y hacia usted querido lector ha visto uno davening. El rabino Luria y posteriores cabalistas jasídicos enseñan en recitaciones de oración apropiada uno está copulando con la Shekinah. Suena como un culto sexual a nosotros en Call Me Jorge ...

Rabino Skorka que acompañará a Francisco en su viaje, dijo, "Sueño con abrazándolo en el Kotel o Muro de las Lamentaciones." En otra parte, ha compartido que él y Francis tiene un sueño "de rezar juntos" en el Muro de los Lamentos. Desde Francis ama novedad, así como entiende las minucias de la religión talmúdica artificial nos preguntamos si cuando en el Kotel será que orar de la manera proscrita para los Judios?


(Will Francis rezar cuando en el Kotel?)


- Algunas imágenes -


(Juan Pablo II la lectura de su oración en la pared.)

(Juan Pablo II colocando su oración en las piedras místicas.)

(Texto de la oración de Juan Pablo I).

(Este acto por Juan Pablo II, incluso en la portada de un libro.)

(Benedicto XVI pone su oración en las piedras místicas.)

(La oración de Benedicto XVI se muestra después de ser retirado.)

(Texto de la oración de Benedicto XVI.)


(Portada de El Templo de Jerusalén por Simon Goldhill.)

(Portada del templo de Jerusalén.)

(Página 4 de El Templo de Jerusalén.)

La Gruta de la Natividad incendiada.

¿Pedían un signo? – LA GRUTA DE LA NATIVIDAD SE PRENDE FUEGO TRAS LA VISITA BERGOGLIANA

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Una lámpara de aceite provocó, este martes, un incendio que quemó las cortinas en las paredes de la gruta, el lugar donde según la tradición cristiana nació Jesús, dijo Abdel Fatah Hamayel.

lunes, 19 de mayo de 2014

El asesinato del Padre Carlos Mugica.

El Padre Mugica y un doble relato




1. Un hombre, dos relatos
Se han cumplido cuarenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes civiles y eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta una de esas modernas gigantografías, que recoge su ascético rostro, insertada en el corazón del paisaje urbano.
El Gobierno y la Jerarquía Católica, que no suelen andar muy juntas, esta vez han aunado sus afanes en pro de exaltar la memoria del sacerdote. Es que, curiosamente, Mugica les pertenece en la medida en que ambos, Gobierno y Jerarquía, lo han integrado, cada uno a su modo y con muy diversa gravedad, como veremos, a sus respectivos “relatos”.
Para el Gobierno, en efecto, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, del que ha hecho la columna vertebral de su radical impostura. Es que en esa imaginaria “lucha de liberación” librada por aquella “juventud maravillosa” encuadrada en las “organizaciones combatientes”, en esa falsa épica revolucionaria que reivindica como su pasado glorioso, el relato exige la presencia de un ingrediente “cristiano”. Se podrá preguntar por qué. Porque en ese setentismo real, no el ficticio, y por razones que enseguida examinaremos, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) dieron su decisiva contribución a ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica es, en este sentido, el rostro más reconocido (no el único ni, tal vez, al que le quepan las máximas responsabilidades); y esta es la razón del homenaje que hoy le brinda un Gobierno que ha pisoteado hasta el hartazgo la ley de Dios y los derechos de Jesucristo y al que hoy, la emblemática figura del cura villero vuelve a servir de ariete en su renovado odio contra la Iglesia.
En cuanto a la Jerarquía Católica, la exaltación no ha sido menor. El Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al inaugurar la última Asamblea Plenaria de ese organismo, nada menos que en la homilía de la misa de apertura, tuvo un recuerdo especial de Mugica cuya muerte, dijo, “está en la memoria de la Iglesia”. El Cardenal Primado, por su parte, no fue a la zaga: calificó a Mugica de mártir de los pobres; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo en labios de un sucesor de los Apóstoles. El relato eclesiástico ha insistido, pues, en presentar a Mugica como un sacerdote fiel a Cristo que en comunión con la Iglesia y el Concilio Vaticano II dio su vida por los pobres: todo un modelo de sacerdote.
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Dos relatos, pues, y un mismo protagonista.
2. Un relato que no se sostiene
Pero si a esta altura de los hechos en Argentina, el relato del Gobierno ya ha sido ampliamente rebatido y sólo subsiste en los que de él viven (o en los obcecados pese a toda evidencia) no pasa lo mismo con el relato eclesiástico. Si bien mucho se ha escrito acerca del fenómeno, ya mencionado, del gravísimo compromiso de amplios sectores católicos con el marxismo revolucionario de los años setenta, todavía no se ha hecho una evaluación profunda de su significado; y nos referimos, fundamentalmente, de su significado a la luz de la Fe. Porque lo que ocurrió entonces en la Iglesia fue, por sobre todas las cosas, algo que afectó de manera esencial la Fe. Esta tarea está pendiente y lo seguirá estando mientras la Jerarquía Católica persista inexplicablemente en ignorar el problema o, lo que es peor, en exaltar sus consecuencias presentándolas como frutos evangélicos.
Pero la verdad es bien distinta de este relato imbuido de fuertes acentos de piedad popular y de compromiso evangélico. Mugica fue uno de los tantos frutos de muerte de la herejía progresista, modernista y tercermundista que desgarró, y aún desgarra, a la Iglesia. En aquella época de imaginarias primaveras conciliares, se deslizaron por las venas de la Iglesia toda suerte de errores y de extravíos. La Teología de la Liberación, típico producto “teológico” europeo trasladado a nuestra América por los misioneros del nuevo credo, dio el clima ideológico en el que pulularon las más extrañas aventuras eclesiásticas, entre ellas, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo del que Carlos Mugica fue mentor y lider entre nosotros.
Aquel movimiento implicaba, en esencia, una grave adulteración del Evangelio de Cristo, de la naturaleza y de la misión del sacerdocio católico al tiempo que consumaba una radical ruptura con el Magisterio de la Iglesia. Para aquellos clérigos tercermundistas (y cuantos con ellos avanzaron por el mismo camino) la misión del sacerdote católico dejó de estar enraizada en el misterio salvador de Jesucristo para fundarse en una praxis social liberadora. La pastoral no tenía ya como objetivo que los hombres lograren la vida de la gracia y de la unión plena con Dios sino llevar a los pobres a la toma de conciencia de clase explotada y a poner en marcha, desde sí mismos y para sí mismos, el proceso revolucionario que los liberaría de las estructuras capitalistas y burguesas concebidas como estructuras de pecado. Este proceso revolucionario hacía del socialismo marxista -entonces considerado ineluctable- su herramienta principal: el socialismo vino a ser así la encarnación del Evangelio, su expresión histórica y, por ende, el compromiso ineludible de una Iglesia que debía para ello, necesariamente, romper con todo cuanto había dicho, predicado y enseñado. El Concilio Vaticano II, recientemente concluido, era apreciado como la voz de orden de ese cambio y los sacerdotes, y católicos en general, que así pensaban se sintieron la vanguardia profética de esa Iglesia nueva, para un mundo nuevo y por un hombre nuevo.
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Hubo más. Puesto que la praxis revolucionaria era, ahora, inseparable de la pastoral, antes bien, se identificaba con ella, se planteaba el problema del método de dicha praxis. ¿Era la lucha armada, asumida por aquel entonces en Argentina e Hispanoamérica por el castrocomunismo y sus variantes, un camino lícito para los cristianos? No todos respondieron afirmativamente a esta pregunta pero la inmensa mayoría de los sacerdotes dio inequívocamente su absoluta conformidad. De este modo, no sólo algunos sacerdotes tomaron las armas sino, lo que fue más grave, arrastraron a centenares de jóvenes católicos a la aventura de la guerrilla. En ella, no pocos, mataron y murieron; pero no por Cristo y su Evangelio sino por la falsa utopía revolucionaria bajo la inspiración de Marx, de Castro y de Ernesto Guevara. Esta es la verdad, la que los hombres de mi generación hemos visto y vivido de modo directo. No hay otra.
3. Algunos testimonios
Carlos Mugica ¿representó todo lo que acabamos de reseñar? Una lectura objetiva de sus textos nos permite advertir que, gracias a Dios, nunca perdió totalmente de vista el sentido sobrenatural del sacerdocio. Sabía, y lo decía, que la misión del sacerdote es llevar al hombre al pleno desarrollo de lo que hay en él de divino. Pero enseguida, caía en un reduccionismo que lo hacía retroceder. “Para Cristo -escribía en Peronismo y Cristianismo- cada hombre es imagen y semejanza de Dios, por lo tanto, ofender a un hombre es ofender a Dios. Y el rol del que es ministro de Cristo es asumir la defensa del hombre, y sobre todo del pobre, del oprimido. Hay gente que dice: Ah, ustedes los sacerdotes, tanto hablar ahora de los pobres, ¿por qué no se ocupan de los ricos?Creo que sí, el sacerdote tiene el deber de ocuparse de los ricos. Su misión frente a los ricos es interpelarlos. Lo que pasa es que los ricos no quieren que uno se ocupe de ellos. Porque mi misión como sacerdote es denunciarlos. Yo tendría un problema de conciencia si no le hiciera ver al rico que si no cambia de vida, debe poner sus bienes al servicio de la comunidad” (Cristianismo y Peronismo, Buenos Aires, 1973. Fuente: http://www.elortiba.org/pdf/Carlos_Mugica-PeronismoyCristianismo.pdf). Claro está que esta oposición dialéctica entre ricos y pobres de pecunia es radicalmente falaz pues presupone que el pobre es inmaculadamente bueno y el rico perdidamente malo: el corazón del hombre es mucho más profundo y el drama del pecado mucho más abisal que estas superficialidades sociológicas.
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Más adelante, en el mismo libro, su opción por el socialismo quedaba netamente expresada: “Por eso, como movimiento, los Sacerdotes del Tercer Mundo propugnamos el socialismo en la Argentina como único sistema en el cual se pueden dar relaciones de fraternidad entre los hombres. Que cesen las relaciones de dominación para que haya relaciones de fraternidad. Un socialismo que responda a nuestras auténticas tradiciones argentinas, que sea cristiano, un socialismo con rostro humano, que respete la libertad del hombre (ibidem)”.
Su confusión, empero, llegaba a la cima cuando, sin más, asimilaba el Evangelio a las ideologías materialistas y ateas del marxismo: “Yo me opongo violentamente a todos los que pretenden reducir a Cristo al papel de un guerrillero, de un reformador social. Jesucristo es mucho más ambicioso. No pretende crear una sociedad nueva, pretende crear un hombre nuevo y la categoría de hombre nuevo que asume el Che, sobre todo en su trabajo El Socialismo y el Hombre, es una categoría netamente cristiana que San Pablo usa mucho (ibidem)”.
Su ubicación frente a la lucha armada fue ambigua: “Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en América Latina -incluso en nuestro país- una situación de violencia institucionalizada. Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara «El generar hambre mata cada día más hombres que cualquier guerra». Es decir que existe la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas igualmente válidas: la de la no violencia en la línea de Luther King o la de la violencia en la línea del Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas” (Entrevista al Padre Mugica. Fuente: Revista 7 Días, Junio de 1972).
No es cuestión de multiplicar los textos que, por otra parte, cualquiera puede leer sin limitación alguna. Pero es evidente que Carlos Mugica sucumbió a casi todos los errores de una herejía, de cuño modernista y progresista que, en el fondo, no fue ni es otra cosa que una grave adulteración del Evangelio y de la Fe. ¿Cómo es posible poner en la misma línea del hombre nuevo paulino, el hombre cristiano redimido por Cristo, la utopía marxista, signada ab instrinseco por el ateísmo más radical? ¿Qué falló aquí? Pues no otra cosa que la entera teología. Sus errores respecto del orden político social, su concreta opción por el socialismo, antes que una equivocada opción política constituyeron una contradicción expresa del Magisterio de la Iglesia. Sí, el Vaticano II no condenó al comunismo pero tampoco levantó las condenas que pesaban sobre él. Pese a todo, cuando Mugica optaba por el socialismo, seguía vigente, por ejemplo, el Decreto de la Suprema Congregación del Santo Oficio, del 1 de junio de 1949, confirmado después por el Dubium del 4 de abril de 1959 que prohibía expresamente a todos los católicos la colaboración en cualquier terreno con el comunismo y consideraba a quienes violaban esta prohibición “apóstatas de la fe” incursos en “excomunión reservada de modo especial a la Sede Apostólica”. También regía plenamente la condena sin matices del Papa Pío XI en Divini Redemptoris, documento donde no sólo, ni principalmente, se declara al comunismo “intrínsecamente malo” (su afirmación más difundida) sino en el que se pone de manifiesto su carácter radical de falsa promesa redentora opuesta a la verdadera Promesa de Cristo, es decir, la promesa del hombre que se endiosa levantada en guerra inconciliable contra la Promesa de Dios hecho hombre. ¿Dónde está la proclamada fidelidad de Mugica al Magisterio de la Iglesia?
Pero hubo algo más inmediato y próximo. La creciente actividad del llamado Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundoprovocó una intervención directa del Episcopado Argentino de aquella época. En su Declaración del 12 de agoto de 1970, decían los Obispos, aludiendo directamente a una reciente declaración de sacerdotes tercermundistas): “«Adherir a un proceso revolucionario [...] haciendo opción por un socialismo latinoamericano que implique necesariamente la socialización de los medios de producción del poder económico y político y de la cultura» (Declaración del tercer encuentro del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Santa Fe, 2 de mayo de 1970), no corresponde ni es lícito a ningún grupo de sacerdotes ni por su carácter sacerdotal, ni por la doctrina social de la Iglesia a la cual se opone, ni por el carácter de revolución social que implica la aceptación de la violencia como medio para lograr cuanto antes la liberación de los oprimidos”. Unos párrafos más arriba, los Obispos exhortaban: “Lo que buscamos y queremos ahora es la reflexión seria y obligada de conocer bien y respetar la verdad de la Iglesia, en puntos básicos claramente enseñada por ella, para rectificar rumbos, deponer actitudes y, si es necesario, para hacer penitencia, que significa cambiar de mentalidad, a fin de pensar como piensa la Iglesia, con ella y en ella, cooperando a sí a su obra de salvación”.
Los tercermundistas respondieron a este llamado episcopal con un extenso Documento en el que consideraban el texto de los obispos “insuficiente, intemporal y parcial”, lo ponían en contradicción con otros textos (la famosa Declaración de Medellín, especialmente) por lo que se veían obligados no sólo a “integrar” sino a tomar “opciones pastorales” (en detrimento de la obediencia, desde luego, a sus obispos ordinarios) para terminar con unas abstrusas elucubraciones pseudo eclesiológicas a la luz de un difuso “espíritu del Concilio”. No tenemos noticias de que, tras la advertencia de los Obispos, el Padre Mugica haya abandonado el tercermundismo. Otra vez la pregunta: ¿dónde está la fidelidad al Magisterio legítimo de la Iglesia?
4. Otras voces católicas en aquellos años
En aquella convulsionada Iglesia de los años setenta no era, por cierto, la voz de Mugica y la de sus conmilitones del tercermundismo vernáculo la única que se oía. Hubo otras, y de signo opuesto, que hablaron muy claro y que hoy se pretende sumir en el olvido. Gracias a Dios, el catolicismo argentino tuvo siempre maestros esclarecidos. ¿Cómo no recordar, entre tantos otros, al Padre Julio Meinvielle, maestro de la Fe y pastor bueno que se ocupó tanto y tan en silencio de los pobres gastando en su socorro y promoción humana su propia fortuna personal familiar; ese inolvidable Padre Julio, que nunca trajinó villas porque fundó barriadas dignas, a quien tantas veces sorprendíamos durmiendo en el suelo porque había regalado hasta su cama a algún pobre? Meinvielle, que murió apenas unos meses antes que Mugica (en agosto de 1973), había denunciado con lucidez y valentía los errores deletéreos del comunismo y se había levantado contra las apresuradas exégesis del Concilio reivindicando siempre la continuidad del Magisterio.
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Pero aparte de Meinvielle nos interesa destacar a dos grandes figuras laicales que, en aquellos años, ejercieron un fundamental papel en la formación de juventudes católicas: Jordán Bruno Genta y Carlos Alberto Sacheri. Genta y Sacheri eran distintos: distintas historias de vida, ambientes distintos, tonos distintos, estilos distintos. Sin embargo coincidieron en la firme defensa de la Fe en aquellos tiempos convulsos. Genta había entrevisto, desde sus albores, el proceso de la Guerra Revolucionaria del Comunismo ateo y se dedicó a educar a quienes debían enfrentar aquella agresión externa, esto es, las fuerzas armadas las que, a su juicio, debían prepararse para asumir la defensa de la fe y de la patria en una guerra justa. No escapó a la aguda visión de Genta el fundamental problema religioso que implicaba el compromiso de tantos católicos, curas y laicos, en la guerra subversiva. La subversión, decía, avanza, escudada en la cruz y en la bandera nacional. La hora del internacionalismo comunista y de la abierta persecución a la Iglesia, había pasado: ahora, el comunismo se presentaba mimetizado con un ropaje “nacional y cristiano”. Sacheri, por su parte, vio con idéntica lucidez el mismo proceso revolucionario metido en las entrañas de la Iglesia. En su obraLa Iglesia clandestina, puso al descubierto una siniestra red, universal y local, tejida por el marxismo a fin de llevar a la Iglesia a colaborar en la revolución anticristiana.
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Genta y Sacheri no escribían sólo ni principalmente como políticos, ni como sociólogos, ni siquiera como filósofos (que esta era, en definitiva, su nobilísima profesión común). Escribían como hombres de fe, como católicos combatientes, acuciados por el amor a una Iglesia a la que veían atacada desde adentro antes que desde afuera. Todo cuantopensaron, escribieron y denunciaron, aún las cuestiones más ligadas al destino temporal de la Argentina, lo hicieron sólo y exclusivamente desde la soberana perspectiva de la Fe Católica. Ahora bien: ese mismo año de 1974, Genta y Sacheri fueron asesinados por formaciones partisanas. Es decir, se cumplen, ahora, cuarenta años de sus muertes. Nuestra pregunta es simple: estas muertes ¿están también en la memoria de la Iglesia?
Colofón
No escribimos con la intención de acusar a nadie. No nos mueve siquiera el deseo, legítimo por lo demás, de reivindicar personas y hechos injustamente olvidados. De eso habrá tiempo cuando lo disponga Dios. Tampoco nos mueven “memorias históricas” ni el anhelo de una justicia demasiado humana, apenas un miserable remedo de la Justicia de Dios a la que nos encomendamos. No. Sólo nos mueve la Fe. Esa Fe peligra si hoy a las nuevas generaciones de católicos (y pensamos sobre todo en los sacerdotes) se les propone un relato eclesial sesgado y se le presentan como modelos de vida personajes que, cuanto menos, obligan a un respetuoso silencio.
Insistimos: lo más grave de Mugica no fueron ni sus opciones políticas, ni sus compromisos temporales, ni su identificación con este o aquel sector político, ni siquiera su ambigua posición frente a la lucha armada. Lo grave, lo decisivamente grave, es que contribuyó como pocos, en una Iglesia convulsa y confundida, a adulterar la Fe que recibió en su bautismo y que se comprometió a predicar el día de su ordenación. Puso al servicio de esta Fe adulterada los indiscutibles talentos que poseía, los rasgos de una personalidad fascinante que arrastraba y cautivaba auditorios  y una pasión desbordante que, finalmente, lo llevó a morir. No cuestionamos su santidad personal. ¿Con qué derecho lo haríamos? Cuestionamos el significado de su figura en el fondo trágica porque es la parábola de una gran tragedia que los hombres de mi generación hemos vivido y sigue gravando nuestras vidas.
Tal vez, después de todo, Mugica, sacerdos in aeternum, fue más víctima que victimario: la víctima de un tiempo confuso y oscuro que hoy, no sabemos por qué, algunos se empeñan en seguir llamando primavera.
Elevamos a Dios, con toda el alma, nuestra súplica por el Padre Mugica.
Buenos Aires, 13 de Mayo de 2014
Festividad de Nuestra Señora de Fátima

Dr. Mario Caponnetto

domingo, 4 de mayo de 2014

Un santo impresentable.

JUAN PABLO II



La canonización de Karol Wojtyla, quien ejerció el papado con el nombre de Juan Pablo II entre 1978 y 2005, constituye un factor de disenso y debate al interior de la Iglesia católica y fuera de ella, tanto por cuestiones de procedimiento como por razones de fondo que llevan a poner en duda no sólo la pretendida santidad, sino incluso la ética del primer pontífice polaco de la historia. (Del diario mexicano "La Jornada")

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México , 28 de abril de 2014 (La Joranada)

Editorial de LA JORNADA

Juan Pablo II: un santo impresentable

La canonización de Karol Wojtyla, quien ejerció el papado con el nombre de Juan Pablo II entre 1978 y 2005, constituye un factor de disenso y debate al interior de la Iglesia católica y fuera de ella, tanto por cuestiones de procedimiento como por razones de fondo que llevan a poner en duda no sólo la pretendida santidad, sino incluso la ética del primer pontífice polaco de la historia.

En el primero de esos aspectos, lo que salta a la mente es la insólita celeridad con que el Vaticano dio curso y consumó la santificación, poniendo la causa de Juan Pablo II por delante de procesos más fundados y consensuados. Para citar un ejemplo, baste con decir que en 2000 –hace 14 años– se propuso la beatificación de fray Bartolomé de las Casas, figura histórica cuya ética cristiana resulta más clara que la de Wojtyla, sin que hasta la fecha el obispo defensor de los indios haya sido declarado beato.
Otro hecho que resulta desconcertante es que se haya llevado a los altares a Juan Pablo II al mismo tiempo que a Juan XXIII, dos papas que, en muchos sentidos, resultan contrapuestos: Wojtyla mantuvo a la Iglesia apegada a posturas oscurantistas, regresivas e incluso de corte medieval, y gobernó con mentalidad de cruzado; Angelo Guiseppe Roncalli, Juan XXIII, en cambio, procuró reconciliar al Vaticano con la modernidad histórica, impulsó el Concilio Vaticano II, en el que la jerarquía eclesiástica se asomó, al menos, al humanismo contemporáneo, y mantuvo en todo momento un discurso de conciliación, entendimiento y apertura. Pero entre la muerte de ese pontífice y su canonización tuvieron que pasar casi 50 años –un plazo de todos modos breve, según los usos y costumbres de Roma–, en tanto que el expediente de Juan Pablo II realizó el mismo trayecto en nueve.
Más allá de estas contradicciones, es cierto que Karol Wojtyla gozó durante su pontificado de popularidad mediática, pero también fue objeto de incontables señalamientos críticos por su evidente afiliación a la causa de la llamada revolución conservadora, inicio de la implantación global del neoliberalismo, que estuvo encabezado por Augusto Pinochet, Margaret Thatcher, Ronald Reagan y el propio Juan Pablo II, unidos por su anticomunismo visceral.
Adicionalmente, el Papa polaco reprimió sin ningún escrúpulo –por conducto de quien habría de ser su sucesor, el cardenal alemán Joseph Ratzinger– las corrientes de la Teología de la Liberación, fundamentadas en el Concilio Vaticano II, que pregonaban la orientación de la Iglesia hacia los pobres y las causas de emancipación de los pueblos; ello, en un momento histórico en que América Latina padecía un ciclo de dictaduras militares que cometieron toda clase de violaciones a los derechos humanos y para las cuales Wojtyla fue, al menos, tolerante.
Un tercer factor de impugnación a Juan Pablo II fue su beligerancia dogmática contra los derechos reproductivos y sexuales: en su papado la misoginia y la homofobia de la jerarquía elcesiástica católica alcanzaron un nivel de discurso oficial y el tradicionalismo del pontífice se convirtió en sistemático sabotaje de las campañas de salud pública para contener la epidemia de VIH, sobre todo en África y en América Latina.
Pero la falta más grave del difunto Papa polaco fue la decisión de encubrir las prácticas de pederastia y las agresiones sexuales cometidas por centenares o miles de sacerdotes católicos en diversos continentes: decenas de miles de niños violados, y un número indeterminado de mujeres –religiosas, en su mayoría– reducidas a la servidumbre sexual no merecieron la compasión de Wojtyla; éste, por el contrario, buscó por todos los medios acallar los escándalos. Al menos en el caso más indignante de abusos sexuales, el del depredador Marcial Maciel, fundador y director de Legionarios de Cristo, Juan Pablo II dispuso de la información fehaciente –así lo ha admitido públicamente el que fue su portavoz, Joaquín Navarro-Vals– y decidió, sin embargo, guardar silencio.
La canonización choca frontalmente con los posicionamientos progresistas y de sensibilidad social del actual pontífice, Francisco, así como con sus abiertas invectivas contra la curia romana. Es razonable suponer, en consecuencia, que la decisión de elevar a los altares a Wojtyla al mismo tiempo que a Roncalli –con cargas simbólicas opuestas– constituye un acuerdo salomónico entre las corrientes renovadoras, encabezadas por el Papa argentino y las resistencias de una burocracia vaticana inmovilista, oscurantista y mafiosa. De ser así, Juan Pablo II habría sido elevado a las alturas no porque hubiese estado cerca de la santidad, sino como resultado de la pugna intestina y del jaloneo cada vez más abierto en el Vaticano. Pero aun así, y por las razones arriba señaladas, Wojtyla es un santo impresentable.

viernes, 2 de mayo de 2014

Cristianos crucificados en Siria.

EL PAPA: LLORÉ CUANDO VI LA NOTICIA DE LOS CRISTIANOS CRUCIFICADOS EN SIRIA
Ciudad del Vaticano - “Yo lloré cuando vi en los media la noticia de cristianos crucificados en cierto país no cristiano”. Con estas palabras el Papa Francisco, durante la homilía cotidiana celebrada hoy viernes dos de mayo en la capilla de Santa Marta, se ha referido al suplicio de la cruz sufrido en los últimos días en Raqqa por algunos prisioneros del Estado islámico de Iraq y del Levante, la facción yihadista que controla la ciudad siria.
La noticia sobre la crucifixión perpetrada por grupos yihadistas también ha sido confirmada por el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una organización cercana a la oposición siria, con sede en Londres.
La referencia a los cristianos crucificados ha dado modo al Papa de expresar la mirada de la fe cristiana sobre los hechos de persecución y describir el milagro de la alegría testimoniada por los mártires cristianos.
Los mártires de hoy, como los apóstoles – ha subrayado el Papa Francisco - “se sienten dichosos por haber sido juzgados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús”. Su alegría es “la alegría de tantos hermanos y hermanas nuestros que en la historia han sentido esta alegría, esta felicidad por haber sido juzgados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. ¡Y hoy hay tantos! Piensen que en algunos países, sólo por llevar el Evangelio, vas a la cárcel. Tú no puedes llevar una cruz: te harán pagar la multa. Pero el corazón se siente feliz”.

Dos cristianos son crucificados en Siria por no renunciar a su fe en Jesús

Según Radio Vaticano, una monja siria informó que dos jóvenes procedentes de Maaloula fueron ejecutados el viernes 18 de abril.
| Por Nínro Ruíz Peña | 
     

Dos cristianos en Siria fueron crucificados por yihadistas luego que estos se rehusaron a abandonar su fe en Jesús.
Según Radio Vaticano, una monja siria informó que dos jóvenes procedentes de Maaloula fueron ejecutados el viernes 18 de abril.
La hermana Raghida, es del Patriarcado Greco-Católico y es doctora en Educación, ella estuvo al frente de la escuela en Damasco, la capital siria.
Hoy vive en Francia. Su madre y sus seis hermanos y hermanas están todavía en Siria, donde su vida está en peligro todos los días.
Según la hermana Raghid, los pueblos o aldeas están ocupadas por elementos armados, los yihadistas y los extremistas musulmanes que le ofrecen a los grupos cristianos la shahada ( la fe musulmana ) o la muerte. En algunos casos exigen rescate para no asesinar a sus víctimas.
“Si quieren ejemplos, en Maaloula crucificaron a dos jóvenes porque no quisieron decir la shahada. Les dijeron: “Entonces quieren morir como su amo en el que creen. Tienen una opción: recitan la shahada o serán crucificados”. Y les crucificaron. Hubo uno que fue crucificado delante de su padre. Incluso mataron a su padre. Esto ocurrió por ejemplo en Abra, en la zona industrial en las afueras de Damasco. En cuanto entraron en la ciudad, comenzaron a matar a hombres, mujeres y niños. Y después de la masacre, se llevaron las cabezas y jugaron al fútbol con ellas. En cuanto a las mujeres, les sacaron a sus bebés y los ataron a los árboles con sus cordones umbilicales. Afortunadamente, la esperanza y la vida es más fuerte que la muerte”.
Antes de que se iniciara la guerra civil en Siria, había una convivencia entre cristianos y musulmanes, pero debido a la crisis que sufre el país, dos tercios de los cristianos ya han abandonado el país, por lo que son pocos los que quedan.